Hola a todas:
Seguro que han oído eso de "amar quiere decir aprender a soportar los defectos del otro". O alguna mierda parecida.
No podía estar más de acuerdo.
Y es que, por si no se habían dado cuenta aún, virtudes y defectos son las dos caras de la misma moneda. Porque uno que es aventurero, también es irresponsable. Y al sensible también le llaman ñoño. O al tranquilo, aburrido. O al sereno, impasible. Y así.
Son reflejos de la personalidad de cada uno, reflejos que a veces nos gustan (natural, sincero, valiente) y otras menos (maleducado, indiscreto, temerario). Pero, a fin de cuentas, facetas de lo mismo. Que nos parecen mejor o peor según nos convenga o sople el viento. Una cuestión de punto de vista. O de efecto del comportamiento ajeno sobre el que pone el adjetivo. Pero el caso es que es lo mismo.
Es más, los estudios de la personalidad nos permiten saber que ciertos rasgos, además, tienen la buena o la mala costumbre de ir juntos. Y el activo es dominante, y el perezoso hedonista. Y al impulsivo también le cuesta estar solo. Y al que tiene su habitación muy ordenada no le gusta salir de marcha. Emparejamientos que la intuición nos dicta y que los estudios de la personalidad corroboran. Si exploran verán que maneras de agrupar los rasgos hay muchas y variadas, todas seguramente discutibles... pero, desde luego, hay actitudes y comportamientos que correlacionan.
Y ahora vamos a lo que a mí me interesa... Si lo que nos pide el cuerpo es un hombre viril y seguro de si mismo un día, es imposible esperar que ese mismo individuo al día siguiente sea cariñoso y sensible (quien dice al día siguiente, dice a los tres años). Porque cuando uno es viril, lo es cuando nos hace falta y también cuando no. Y cuando es independiente, lo es cuando queremos que nos deje tranquila y cuando no. Y si la cosa es problemático hablando de la misma "característica", imaginemos que pasa con los "bloques de personalidad". Cuando pensamos que, por ejemplo, masculinidad y promiscuidad van de la mano, se nos cae el alma a los pies. O cuando vemos que la paternidad responsable casi nunca coincide con la independencia. ¿Como se puede exigir a algo que sea a la vez una cosa y su opuesta? ¿Cómo se puede querer a la vez lo bueno del otoño y de la primavera? ¿De las lentejas y el gazpacho?
No se crean que es una critica a la búsqueda del "hombre perfecto", ese que es una fiera en la cama (a veces) y nos sabe dar mucho cariño (otras veces), que nos sabe tratar con firmeza en casos de histeria y con comprensión en los ataques de "moco tendido". Tampoco se puede esperar que nuestra novia sea la reina de la noche y siempre se venga de pedo con nosotros y luego no salga cuando se queda sola. O que se vista provocativa para mí, pero no el resto del tiempo. O que le ponga los cuernos a su santo esposo, pero luego no me los plante a mí encimita de las cejas.
Yo creo que hay que saber medir, encontrar los límites a lo posible y tratar de entender el mundo. Tener siempre presente que 1) la personalidad difícilmente cambia (aunque sí sus manifestaciones... y eso nos pude valer) y 2) que las virtudes son los defectos.
Así nos ahorraríamos muchos berrinches.
¿Qué soy un conformista? ¿Demasiado cerebral? ¿Un gris? ¿Que no tengo pasiones? ¿Qué por qué no pedirlo todo?
Pues, sencillamente, por ahorrar en dolores de cabeza, en malos tragos y en meses sintiéndose uno un estúpido.
Claro que siempre puede uno decir "que me quiten lo bailao".
¿Será eso orgullo?
29/7/08
Las dos caras.
¿Cúando el orgullo es orgullo, o simplemente dignidad?
15/7/08
Marchando.
Y aunque allí no quede nadie, y sea para mal, me vuelvo hacia el hogar.
Hola a todas:
Vuelvo.
Como volvieron Torrente, Robocop y Siniestro Total.
Porque lo mío es volver, como para otros es pasar.
La verdad es que quería que me saliera un post alegre. Porque los últimos todos han sido o claramente tristes, o claramente amargos, o desdichados, así, en general. Y, ya se sabe, los hombre tristes follan menos (por lo mismo que los pianistas alegres están en el circo).
Y dado que me siento triste, cuando intento forzar la sonrisa me sale una mueca, como de niño al que no le ha gustado el regalo de su tita. Y los chistes suenan hueros, necios, como de Felix "el gato". Porque lo son. Porque todo lo que pienso hoy atufa a nostalgia de lo que aún no se ha perdido. Pero por poco.
Cuánto voy a echar de menos los 18 grados centígrados de máxima, las 20 horas de luz sin persianas, la siempre "inprevisible" lluvia diaria, a los turistas que perturban (en castellano) la paz de la ciudad, la cama de un palmo y medio de ancho, las cuestas arriba constantes, los borrachos que te abordan (pero siempre sonrientes), los seis gaiteros que ensayan en la Royal Mile, los billetes de monopoly del Bank of Scotland, del Royal Bank of Scotland y del otro que nunca me acuerdo...
Se van el anonimato, la soledad, el compartir piso (aunque parezca contradictorio con lo inmediatamente antes expuesto), el currar sin interrupción posible casi toda la jornada laboral, la rutina y la monotonía.
Aunque para un ojo inexperto parezcan más bien cosas incomodas/molestas/de mierda, pueden ser grandes tesoros. Como lo es una lata de baked beans en una isla desierta.
Porque todas son manifestaciones, más o menos perturbadoras, de una sensación de tranquilidad total, de un paréntesis que se me ha hecho largo, aunque ahora me parece que ha sido corto. Una sensación de independencia que no residía en poder tomar sin cortapisas mis propias decisiones, en elegir entre las infinitas posibilidades que se me ofrecen o me genero. Sino porque esas posibilidades eran muy pocas, porque no había nada que elegir. Libre de tener que decidir nada. Ha sido una cámara de aislamiento sensorial, ha sido flotar en una piscina de agua caliente en una gruta mal iluminada. No hay mucho más que hacer que estar, y ser consciente de que se está. Ha sido un kit-kat, un "momento para mi" que viene durando seis meses (con alegres interrupciones). Y ahora estamos de post-anestesia.
Vuelve la alegría, los amigos, la fiesta, los desayunos, las comidas y las cenas. Y con ellos vuelve todo lo demás. Y, en el barullo, pasan los días sin notarlos. ¿Eso es bueno? No lo se, pero ahora mismo me parece que no. Tener la vida muy llena de ruido, gente y trajín está bien, distrae. Pero, ¿de qué? Pues de las semanas que duran siete días, cada uno con sus 24 horitas completas, todas ellas de 60 minutos. El ruido camufla el paso lento de los días. Pero, ¿para qué? Si, en realidad, no hay tantos como para querer que pasen inadvertidos...
No esperen de este lado una respuesta. Para mí es un misterio.
La lentitud es aburrida, pero es. Tiene un sabor determinado, muy definido, inconfundible. Ahora vuelvo al lío, al tutti-frutti, a la hamburguesa con ketchup, mostaza, mayonesa e incluso brown sauce. Es bienvenido, desde luego (mentiría si dijera que no le he echado de menos). Pero más que alegría, ahora mismo lo que siento es pena por lo que se lleva por delante.
Parece raro, pero, ¿no echan de menos, a veces, aburrirse?, ¿No han añorado la rutina?, ¿No tener nada mejor que hacer que meditar?, ¿Que cada segundo sea eterno, larguisimo?, ¿Que las opciones a tomar sean una o ninguna?
Pues para mí se acabó.
Vuelve mi vida (la de antes). ¡Bienvenida!
9/7/08
Liberal.
No te da derecho ni el derecho mercantil.
Hola a todas:
Tiro de diccionario: Partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico (RAE dixit).
Ahora tiro de diccionario propio: Liberal es aquel que pone la libertad individual por encima de cualquier clase de normativa/derecho de una comunidad.
Si se aplica al comportamiento social, nos referimos a gente que le parece bien que se folle antes del matrimonio, que te cases con alguien de tu mismo sexo o que los negros tengan tanto derecho a votar como usted y como yo (y quien dice los negros en los USA en los 60 dice los sudacas en España en el 2008). O al que no le importa que se vaya a recoger el premio Nobel en chanclas, se venda droga en el super o que los testigos de Jehova no admitan las transfusiones.
Si se aplica a la economía se refiere a gente a la que el estado le molesta. Les parece que la iniciativa individual y el conjunto de estas, que constituye "el mercado", debe ser lo único que regule la vida económica (la vida, en general) de las comunidades. Es decir, que les jode pagar a hacienda, TVE, la existencia del finiquito o que las operadoras de móviles pacten precios. Que no pueden dormir por la acción de oro de Telefónica, la regulación del precio del tabaco o los astilleros.
Es curioso que en estos tiempos modernos ambos mensajes parezcan no poder ir de la mano. O, al menos, eso se lee en mi esquema:
- Liberal en lo social y lo económico, anarquismo del clásico (o del menos clásico).
- Liberal en lo social y partidario del control estatal en lo económico, socialismo y comunismo sensu laxo (quiero decir, lo que hasta hace nada entendíamos por socialismo y comunismo)
- Liberal en lo económico y partidario de limitar las libertades individuales en lo social, la derecha como la entendemos aquí y ahora (o, al menos, como la entendíamos hasta hace igual de nada).
¿Que me queda?... ah, sí, partidario del estado y partidario de la regulación de las libertades individuales... ¿fascismo? (bueno, para ser fascista se necesita también un fuerte sentimiento nacionalista, de esos que justifican que ud. y yo no tengamos los mismos derechos porque vivimos en sitios distintos).
La realidad, por cierto, no se ajusta a este esquemático patrón... era sólo para aclararme, para no perderme, porque cada vez es todo más confuso (desde que se murió la ideología es difícil aclararse). Quiero decir, ni las izquierdas de ahora pretenden abolir la economía de mercado y dejar que el estado lo controle todo, ni las derechas de ahora quieren mantener el comportamiento social bajo un estricto control (como el que ejercía antes la iglesia, por ejemplo). La fusión y el mestizaje, tan de moda y tan fructíferos (ya saben, Manu Chao, Bebo y el Cigala, etc).
Eso sí, tampoco hay que pasarse. No hay que llegar a que la izquierda devuelva dinero de los impuestos en vez de repartirlo con “justicia”. O que la derecha prometa ayudas (hombre, si es a los empresarios…).
En fin, todavía ni he “encarrilado” el post. Porque la cosa no iba de decirles todo lo que no entiendo, sino de lo que entiendo. Quizá demasiado bien.
Me aburre ver en la tele/la radio/los periódicos/los blogs, o entre mis allegados, llorar a los que hasta hace nada se autodenominaban “liberales”. Ya saben, los de cero impuestos, viva el libre mercado y la mano invisible, mira como suben mis acciones de ACS y el valor de mi piso. Pues ahora esos han invertido el 100% de su tiempo en llorar y berrear pidiendo ayuda al Estado para sobrellevar la crisis (quien dice Estado dice Ayuntamiento, o dice sus padres).
Que las ideologías han muerto. Vale. Que la coherencia, incluso individualmente, es imposible de conseguir. Me lo trago. Que no sabía lo que decía. Desde luego. Que soy un farsante, sólo busco mi interés. Pues sí.
¿Dicen eso? Pues alguno habrá, pero no es lo que yo oigo. De hecho, cualquiera de esas razones los haría algo merecedores de mi respeto. Lo que no puedo soportar, sinceramente, es que sean completamente incapaces de darse cuenta de que su discurso de ayer es complemente contrario al que sostienen hoy. Que se sigan sintiendo “coherentes”. No es que pretendan vendernos la moto (eso tendría un pase), sino que son tan gilipollas que su única ideología es “dame lo mío”, “haz lo que sea para que yo está mejor”, “necesito más”… y no lo saben.
Lo que me molesta ni siquiera es que su pensamiento se reduzca a eso. Ese discurso también lo siguen los polluelos de paloma y mi hiedra y no pasa nada. Lo que me indigna es que no se enteran de que sus argumentos, leídos en su conjunto, sólo contienen eso: dame más. Y les juro, me consta, que hasta hace poco algunos eran seres humanos normales. Hasta inteligentes.
Debe ser que no oyen ni sus propios pensamientos por culpa de sus, también propios, gritos: mío, mío, mío, mío…
A ver si hay suerte, les dan lo que creen que es suyo y revientan. O, por lo menos, se callan.
28/6/08
¿Amiga mía?
El mismo teatro en el que tantas veces actuó.
Hola a todas:
Dicen que es consuelo cuando se está jodido, darse cuenta de que hay otros tan jodidos como tu.
Cuando ves que, tú y los que están tan jodidos como tú, tropezáis siempre en la misma piedra, empiezas a creer que ahí puedes encontrar una verdad universal sobre la estupidez humana: así nace una opinión/teoría.
Y cuando te crees que eres científico, alguien también se lo cree y te da el crédito (y el dinero) para hacer experimentos, decides analizarlo de verdad. Para que pase de ser una "verdad de bar" a una "verdad científica". Calculando hasta donde se puede confirmar la hipótesis, por donde flaquea, donde están sus límites estadísticamente establecidos….
Y entonces conoces por qué pasa lo que pasa, a quien le suele pasar y que cosas hacen los que no lo sufren para que no les pase.
Lo que no quita, se lo juro, para que uno vuelva a caer en lo mismo.
¿De qué estoy hablando?
Yo, como observador y sujeto observado a la vez (puro y acientífico psicoanálisis) me encontré un millón de veces, o dos, en la desesperante situación de haber estado "cortejando" (desde mi punto de vista) durante meses a una mujer. Una mujer que, según su punto de vista, había conseguido un “más mejor amigo monísimo” en los mismos últimos seis meses (esto es, yo). Tras el primer millón de amigas empecé a darle muchas vueltas, a ver si entendía por qué. Para, si eso, no volver a cagarla otra vez.
Luego, de pronto, te das cuenta de que hay otros tan tontos como tu. Otros muchos, también enamorados de chicas que también se crían sus amigas. Y todo por sus intentos de arrimarse a ellas a cualquier precio, no dejando claras sus intenciones. Y claro, el día que daban el paso de decirle "te quiero" le dejaban anonadada y patidifusa, no entendiendo por qué le hacía eso su más mejor amigo. Por supuesto, eran rechazados... “no hay que enturbiar la amistad”, “me gustas pero no estoy enamorada”, “pero si estoy enamorada de tu amigo Rafa”, etc. Culminando, claro, con el "pero quiero que sigamos siendo amigos" (caer en esta segunda "trampa" ya es opcional, pero también nos la comemos casi todos).
Me pase años "educando". Diciéndoles a ellas que sus amigos se las querían follar (no se lo creían, hasta que les preguntaban... y salvo algún patético mentiroso que quería ganar puntos, casi todos los “amigos" lo reconocían como cierto). Diciéndoles a ellas que las amigas de sus maridos eran, en realidad, pasados perdidos intentos de echarse novia (incredulidad, hasta que preguntaban a sus maridos, que ya no tenían verdades que esconder). Diciéndoles a ellos qué no hay que hacer para caer en la amistad, cuando no es lo que buscas (no ejercer ni de oídos ni de hombro; no relacionarte con ella en un contexto demasiado amistoso, p. ej. pintando tazas; no empezar tomando café; no aguantar charlas sobre otros tíos; no ocultar completamente nuestro interés en ella como mujer, deslizando alguna insinuación... una cada hora; no ser demasiado “rápido” desnudando nuestra alma).
Y, pese a todo, esos mismos años seguí tropezando, una vez. Y otra vez más.
Y, luego, juntándome con otros como yo, o incluso que habían indagado en esto más que yo, hacer un estudio “serio". Para tratar de ver de verdad a quién y a quién no le ocurre, y qué caracteriza a los actores de estas situaciones. Ahora lo que tengo es (casi) un artículo sobre este tema.
¿Qué hemos entendido? Pues:
- que acabar siendo catalogado como amigo sin querer es una cosa de chicos.
- que parte de culpa la tiene la herencia cultural que nos dejó el catolicismo. Porque muchos de nosotros creíamos que acercarnos a una chica con las cartas sobre la mesa era causa inmediata de rechazo. Quizá porque lo era.
- que es “sólo” una cuestión de comunicación entre hombres y mujeres.
- que los más jóvenes lo van entendiendo y ya no es tabú acercarse a una mujer sólo para ligársela. O, desde la otra orilla, ya no es motivo de vergüenza o deshonra que un hombre se te acerque sólo para intentar seducirte, ni es una humillación a tu condición humana. Que te vean como mujer ya no quiere decir que te vean SÓLO como mujer.
Y entonces cuando todo encaja, cuando todo parece adecuarse a unas reglas, tener un sentido, te encuentras entre las manos "casos particulares" que no se ajustan, ni cumplen con lo previsto.
Les juro que durante todos estos años busqué mujeres que hubieran mordido el mismo anzuelo, el mismo señuelo tropical. Que hubieran largamente acompañado a un chico, escuchado sus largas monsergas sobre su vida, su padre, sus problemas o incluso sus novias. Que hubieran estado ahí, generando lentamente intimidad, complicidad. Y que un día, cuando se sentían seguras de que se habían "generado amor", encontrarse con que lo generado era amistad y no enamoramiento. Ahora dirán, todas ustedes a coro: falso… Si que hay chicas que han sufrido eso. Pero analícenlo detenidamente. Es cierto que hay chicas que "persiguen" a un chico... pero, o bien ellas nunca se atreven a sacarlo a la luz o, el chaval, ante el inusitado interés que ellas tienen en él entienden “de que va la cosa”. Y, una vez entendido, algunos desaparecen prudentemente y otros se lanzan a ello. Con más o menos interés en el amor, y bastante interés en el sexo. Porque, como es bien sabido (sabiduría de bar y de la publicada en revistas científicas) nosotros casi nunca dejamos escapar una oportunidad.
Como les decía, busqué y busqué, en fiestas y reuniones, preguntando a amigas, a amigas de amigas y a completas desconocidas. A compañeras de trabajo y a ex-alumnas. Y a ninguna encontré que hubiese sido la "amiga que quería ser novia" en este juego. A cambio si me encontré que todas ellas, o casi, habían tenido amigos que en un momento dado habían intentado "algo". Y oí aquello de “cómo los hombres piensan con la polla han tenido que estropearlo todo”. Traté de explicarles que seguramente su intención siempre fue "ligarselas". Vamos, que no es que la polla empezase a confundirles cuando ya eran grandes amigos, es que siempre estuvo al mando. Incredulidad, claro.
Por cierto, antes de que se rasguen las vestiduras o empiecen a desconfiar y sentirse incomodas con sus amigos varones, sepan que fuese lo que fuese lo que les motivó a arrimarse, el caso es que ahora sí son sus amigos. Y punto (no le den vueltas; es más, no pregunten si no quieren sentirse incómodas... como ya dije una vez, hay que procurar no preguntar lo que no se quiere saber).
En fin, que tras años de indagar dí el asunto por zanjado. Las encuestas en las que se basa la publicación, nuestro trabajo científico, no hizo sino darme la razón.
Y un día llegó, como un mes antes de cerrar el artículo, esa mujer a la que le ha pasado lo mismo. Que ha pasado días y noches tras un muchacho, ha aguantado a su lado muchas tardes de café y noches de luna, ha notado que nacía su interés, su simpatía, quizá su amor.... y al final, un día tras el cine, ha osado enfrentarse al sí o al no. Y ha descubierto que las cosas no eran lo que ella creía.
Les juro que me ha alegrado encontrar una excepción. Aunque de al traste con los principios que sostenemos nuestro artículo.
Ahora toca entender por qué.
¿No les parece super distraído?
En cuanto a mí, les diré que sigo picando. Quizá es masoquismo. O que no se que una mujer me gusta hasta que es demasiado tarde. Eso sí, ahora lo vivo más deportivamente, sabiendo que perder es parte del juego. Me planto ahí, y mientras con la derecha subo el telón, recito mis líneas, y espero su réplica. Tantas veces oída, tan conocida, que ya me parece la extensión lógica de mi dialogo.
19/6/08
Capear el temporal.
¡Menos mal que nos queda Portugal!
Hola a todas:
Todos los días hay que capear el temporal. Todos y cada uno de ellos. Los imprevistos esperan detrás de cada minuto para dar con todo al traste.
Todo.
Al traste.
No hay manera de que mis pronósticos se cumplan. Y, por tanto, tampoco los planes urdidos sobre estos pronósticos. Y eso que siempre contemplo las opciones más rocambolescas, o eso me parece a mí. Que empleo siempre la sentencia “Si quieres hacer reír a dios, cuéntale tus planes”. Pero ni por saber eso atino.
En fin. Que la vida no es el ajedrez. Ni el Puerto Rico. Vamos, ni el Risk. Uno piensa, calcula, prevé, estima… y traza un plan. Que al final siempre tiene que doblar y tragárselo, o algo peor.
Y, la verdad, es que es triste… porque lo que si tengo es tendencia a “jugar estratégicamente”, tratar de organizar mi vida pensando en el largo plazo. No pretendo ser Glenn Close, ni en “Damages” ni en “Las amistades peligrosas”, pero al menos me gustaría atinar de vez en cuando.
Quizá es que estimo mal las probabilidades de que las cosas ocurran en un determinado sentido. O quizá me cuesta descifrar las aspiraciones, posibilidades e intereses de los demás actores. O quizá los eventos improbables no son tan improbables. Porque te enamoras, te mueres o te toca la lotería. A ti, a tu protector o a tu adversario…
O quizá, simplemente, es que soy tonto del culo.
¿Se les da a ustedes igual de mal? Dicen que ustedes son mejores en esto que nosotros. ¿Cuál es el truco? ¿Qué hay que hacer para poder decir “me encanta que los planes salgan bien”?
Menos mal que me queda Portugal. Para salir por la puerta de atrás, lamerme las heridas, rearmarnos y volver al ataque. Con una nueva estrategia, escrita en luso.
Ese es el nuevo y flamante plan. A ver si dura.
12/6/08
Pensando nada.
Tan solo dame un JB, para gritar con más fe ¡sólo se vive una vez!
Hola a todas:
Me subo otra vez a este púlpito que se me brinda para decirles lo siguiente:
¡No me hagan ni caso!, ¡No tengo ni puta idea!
¿Que por qué? Porque leyéndome a mí mismo (¡ególatra! gritan desde la 2ª fila) me doy cuenta de que tiendo a decir cosas como “sí”, “no”, “no deberían” y “de todos es sabido”.
¡Que no lo se!, ¡Qué no tengo ni puta idea!
Estoy tan perdido como cualquiera. Sólo pierdo mi tiempo pensando, y pierdo mi tiempo pensando que a lo mejor la ciencia nos da alguna respuesta.
Pero la vida no trae libro de instrucciones. Como los adolescentes. O las calculadoras científicas en los chinos (o están en chino).
Nadie sabe vivir. Si alguien supiera, a estas alturas estaría forrado (salvo que saber vivir incluya no vender el método).
Todo lo que afirmo es tan verdad como mentira. Es tan sospecha como certeza. Es tan ciencia como religión. Y las dos se equivocan.
Hablo mucho, digo mucho, pero solo pretendo una cosa: piensen. Piensen en todo, en por qué lo hacen, en por qué no, en por qué creen eso y en por qué tarda tanto el autobús…
¿Seremos más felices? No creo.
¿Encontraremos una solución? Lo dudo.
¿Se decidirán a meterme en su cama? Seguro que no.
Entonces, ¿por qué?
Pues por lo mismo que los perros se ponen a correr en los parques, los niños balbucean y por lo que el puerta no les deja entrar a la disco: porque pueden.
Disfruten de darse cuenta por qué, cómo y cuánto se equivocan. Y de cuánto sufren. No les ayudara a ser más felices, pero sí a saber. Saber es mejor que lo contrario, casi seguro (no me voy a poner a defender las virtudes de la verdad sobre la mentira ahora, entre otras cosas porque no siempre me las creo… ya saben, la felicidad de la ignorancia).
Así que piensen, por favor.
Y no olviden nunca lo que dice la canción que subtitula hoy el post. La estén viviendo como sea que la estén viviendo, sólo podrán hacerlo una vez.
Esta.
7/6/08
Comunicación.
Me río de aquel castigo Babel
Hola a todas:
Vivir en un país en que no hablan en cristiano es, a veces, muy desazonador. Porque las barreras idiomáticas le dejan a uno, a veces, aislado. Con cara de no saber que le han dicho, que tiene que decir o como se espera que reaccione.
¡¿¡Qué no sabe inglés!?!, cuchichean al fondo...
Para pedir cookies con pasas en la pastelería, averiguar cuanto tarda el autobus o dar media hora de charla sobre mi trabajo, sí. Me sobro y me basto.
Para que alguien te explique por qué le ha dejado su mujer y cómo se siente al respecto, o por qué decidió emplear colores ocres en ese cuadro, o para reírme con los late night shows, no.
¿Dirán que es lo mismo? Pues no, claramente no. Dense cuenta de los verbos empleados: dar, recibir...
Vamos, que no les entiendo. Sobre todo si hablan mucho rato seguido y sobre temas abstractos (como los putos cuadros). Y me dicen por aquí que lo normal es lo contrario, que se entiende antes de que se les pueda explicar cosas complejas. Será entonces que me estoy quedando sordo.
El caso es que en esta situación de indefensión social he desarrollado una serie de estrategias muy interesantes, mas evolucionadas que el conocidísimo "yes, yes, yes" que aplican aquí todos los chinos, que me sirven para quedar como un señor:
1- En las conversaciones, intenta hablar el mayor rato posible... eso llena el tiempo y, además, te hace parecer simpático, sincero y amistoso (eso me han dicho)
2- Cuando veas que se te acaba la mecha, haz una pregunta en que la respuesta sea evidente, al estilo "¿Te gustaría degollar a ese niño?" o "¿Acaso no es maravillosa tu mujer?". La respuesta sólo puede ser una (no en ambos casos), asi que no hay peligro de que no entiendas lo que te quieran decir.
3- Si no has entendido para nada una alocución larga y personal, cambia sutilmente de tema hacia aspectos que puedas "controlar"
4- Y, finalmente, esfuérzate en cazar alguna palabra... aunque sea sólo una, a la que agarrarte. Si no para entender lo que te dicen, al menos para poder aplicar el punto 1 (hablar largo y tendido sobre ello) o el 2 (preguntar acerca de esto de un modo aclaratorio para ti, pero que no evidencie tu ineptitud y te haga ser descatalogado como interlocutor)
En Houston (sí, no es el primer sitio de habla inglesa en el que vivo; ni el segundo... aún así la dureza de mi oído persiste) me tragué una versión diferente de Pulp Fiction. En ella habían eliminado las escenas gravemente violentas (imaginen el resultado) pero, a cambio, había trozos adicionales de metraje que habían sido incomprensiblemente recortados en España. Entre ellos hay una conversación entre Mia y Vincent justo antes de su "cita" en que ella le preguntaba: ¿Eres de los que escucha o de los que está esperando su turno para hablar?
Pues, por lo que se ve y en este contexto, de los segundos.
Sin embargo esta estrategia para mantener una conversación moderadamente interesante me hizo pensar dos cosas: ¿No hago esto mismo incluso cuando hablo en castellano? y ¿todos atenderán tan poco a lo que yo digo como yo a lo que ellos dicen?
Respecto a lo segundo, puede que sí. Pero, la verdad, la supervivencia de este blog porque alguna de ustedes entra de vez en cuando a leerme (no va por tí, mamá) me hace creer que, quizá, a veces digo cosas hasta interesantes que decir. Esto es, algo más me atienden de lo que suelo atender yo (no les quitaré esa idea, pero quizá deberían hacérselo mirar).
Respecto a lo primero, me temo que un poco sí. Por eso una vez alguien me dijo que era mucho más interesante cualquier perro, gato, flor o niño que nos encontrábamos en el parque que su conversación (que la policía no es tonta). Pero no se escandalicen: ustedes también lo hacen. ¿No? Pues sus novios sí, lo juro. Es muy notorio en esas conversaciones que duran horas en que él sólo dice "Sí cariño", "sí", "no te preocupes", "claro" y "vaya putada". Son palabras con las que se tiende un hilo entre monólogo y monólogo y que sirven para ser considerado "un tipo que escucha bien". Aún así a veces le sorprenden a uno con un “¿no crees?” y hay que revisar los archivos recientes buscando una palabra clave que le ayude a salvar el culo.
Lo que me lleva a recaer en un dilema personal que me consume hace tiempo. Y es que si lo importante en la comunicación es que la información que contiene el mensaje emitido sea comprendida por la otra persona, ¿hasta donde llega la responsabilidad del emisor del mensaje en esta tarea? Es decir, si yo te digo "riega las plantas" y tu no las riegas y cuando vuelvo a casa mi jardín parece un herbolario... La culpa es tuya, clarísimamente. Pero si lo que te digo es "ya no te quiero tanto como antes" y tu no pareces darte por aludida, ¿Que se supone que debo hacer? ¿Insistir en el mensaje? ¿Dejarlo estar? ¿Hacerte responsable? ¿Hacerme responsable?
Yo aún te quiero, así que me importa que el mensaje llegue, no tanto sentir mi consciencia tranquila porque "ya te he avisado". Ahora que ya lo he dicho, ¿te puedo mandar a tomar por culo sin más? Seguro que dirán que sí. Ahora piensen que esa persona es sorda, idiota o pakistaní (el mensaje está en castellano). ¿Puedo entonces mandarle ya a la mierda? Pues supongo que dirán que no es lo apropiado, porque está clarísimo que para esa persona es imposible haber entendido mi mensaje y, por tanto, tengo la certeza de que la comunicación no se ha producido.
¿Dónde, entonces, está el límite? ¿Cuándo puedo sentirme tranquilo respecto a mí responsabilidad sobre haber transmitido correctamente el contenido del mensaje?
¿¡¿¡Me están escuchando?!?!
3/6/08
Dolor de huevos.
Y yo allí, con el rabo entre las piernas.
Hola a todas:
El dolor de huevos es un atentado a la dignidad para algunos (desafortunados) hombres y un hecho difícil de creer para casi todas las mujeres. No hablo del que proviene de un buen balonazo, de una mala jugada del calzoncillo o del sillín de la bici. Hablo de ese que nos asalta en medio de una situación placentera. Ese en el que muchas chicas no quieren creer porque, me consta, alguna vez ha sido un instrumento de presión para llevárselas al catre o, como mal menor, para obligarlas a ejecutar una triste paja.
La cosa es que, aunque haya mucho desaprensivo por ahí instrumentalizando el sufrimiento, el dolor es real. Muy real y muy molesto. Sobre todo porque, al contrario de lo que podría parecer, aliviar la presión testicular eyaculando, dentro o fuera de otra persona, no arregla mucho... aún duele un rato.
Como biólogo, como científico y, sobre todo, como sufriente, muchas veces me he preguntado a cuento de qué duelen.
Puedo entender un poco ese dolor de huevos adolescente, ese que sobreviene tras una hora de baboso morreo. Ese es un "ya está bien de precalentamiento, saquemos de aquí a los muchachos". Una alerta roja, un ¡¡¡Esto va a explotar!!!. Incluso puedo entender que, aún expulsando el veneno, como la cosa está resentida siga doliendo. Por mucho que unos millones de esos que nos dolían ya no estén con nosotros (ya estén en el kleenex o dentro de alguien)
Lo que no puedo entender es que, en llevando mucho sin meterla en caliente y sin haber hecho excesivos alardes hasta la consecución del momento final, la cosa duela. Vamos, que tras ese deseado polvo que se ha hecho esperar (¿meses?, ¿años?), normalito, en que todo parecía ir bien, al final: ZAS, zarpazo.
No se alegren por mí, no me ha pasado recientemente. Es, como siempre, un amigo de un amigo el que lo vivió ayer (o anteayer). Pero eso me ha recordado tiempos más felices en que también a mí me dolían los huevos... Y en los que me preguntaba por ello.
Es más, les diré a todas ustedes que por este asunto (como futuro biólogo, científico y hombre) realicé sobre mí una serie de experimentos en los que (me) demostré que masturbándose, parece, es imposible que duelan. Y eso que fui capaz de someterme a varias frenadas in extremis y vueltas a arrancar... pero no hubo manera, no desperté el dolor. Así aprendí que: 1) sólo duelen cuando hay alguien más que vea la cara de "me duele pero tengo que parecer contento o ésta va a pensar que no me ha gustado" y 2) que parar motores es difícil, pero merece la pena.
¿Qué perverso mecanismo de nuestro organismo hace que se mezcle así un placer tan esperado y un dolor tan insufrible? ¿Por qué esta ahí? ¿Quién lo ha puesto?.
En un ser vivo cuando las cosas no sirven para nada la sabia combinación de falta de presión selectiva y las mutaciones aleatorias se lo va quitando de enmedio... es como el apéndice, las muelas del juicio o saber llegar a tiempo al médico: como no sufren presión a favor ni en contra, simplemente se van disolviendo por acumulación de errores no filtrados. Pero el dolor de huevos sigue ahí, pertinaz, generación tras generación. ¿Estará seleccionado a favor? ¿Será que hace que follemos más, aumentando el éxito reproductivo de alguno? ¿Estará ligado a alguna habilidad masculina que sí es importante/útil?
¿Por qué sigue ahí algo tan imbecil? ¿Alguien lo entiende?
Al menos me consuelo pensando que esto nos demuestra que el ser humano, como cualquier otra alimaña, no está "bien diseñado": Presenta multitud de cosas que podían funcionar mejor. Vamos, que si lo coge un ingeniero medianamente cualificado, uno de los que acabó la carrera en 7 u 8 años, lo apaña: la placenta no mezclaría tan estúpidamente las sangres de madre y feto, los pulmones no se quedaría a medio vaciar en la espiración y habría una manera de recuperar agua de la vejiga (¿no se sienten idiotas cuando tienen sed y ganas de mear a la vez?). Nosotros, como todo lo vivo, somos una obra chapucera, mal pensada, en que las cosas están así porque así son suficientemente eficaces, no hubo que depurarlo más. O, visto de otro modo, que aún estamos en el proceso de "corrección de errores" (ya lo pagaran nuestros descendientes).
¿No soy repugnantemente biólogo cuando me pongo a lamentarme del dolor de huevos y acabo haciendo proselitismo anti "diseño inteligente"?
Por si acaso estoy equivocado, dejo un comentario/pregunta/solicitud. Por si entra al blog algún dios (uno de verdad, no al dios de internet que se la trae y se la lleva a voluntad): ¿Tanto te/os costaba haber eliminado el puñetero dolor de huevos? Y, ya de paso, ¿Para qué sirve? ¿Está ahí por lo de los caminos inescrutables? Y ahora la petición: por favor, dios lector, mire a ver si puede eliminar el puñetero dolor (pero sin jueguecitos: que lo borre sólo si no se lleva a la vez alguna de las otras interesantes sensaciones que ese área del cuerpo nos depara... a veces).
Y, ya de paso, que me dé la oportunidad de probar si ha obrado el milagro.
26/5/08
Lokuras.
En los carteles van los importantes, este carro sólo es de comediantes.
Hola a todas:
Este post iba a ir de los mensajes sensatos en la boca de quien no lo esperaríamos. De las reflexiones profundas hechas por locos, imbéciles o ignorantes. De la sabiduría de los tontos. Y de que, quizá, eso es posible porque "del rollo de vivir" no saben más los doctos que los palurdos.
Pero en el transcurso de la redacción del texto (que a mí me suele tomar bastante tiempo porque corrijo y recorrijo), mientras pensaba en una meditación que lo ilustrase, me han asaltado de mala manera ciertos recuerdos. De esos llenos de melancolía y de "con lo que fuimos". Y me ha parecido que nada de lo que yo pudiera decir en favor de las corduras de los locos sería más esclarecedor que la declaración de uno de ellos, que en el pasado suscribí al 100%.
Seguro que ya han notado que, aunque este no es un blog musical sensu estricto, sí que tengo afición a la música. Hoy voy a ilustrarles la locura lúcida con un trozo de canción. Es una canción que un amigo y yo cantamos muchas veces, muchos ratos, a lo largo de dos semanas que pasamos en Nueva York en un congreso allá por el 2002. La usábamos siempre que nos encontrábamos con alguien obsesionado con el trabajo, con sus éxitos (científicos, se entiende) y que se tomaba demasiado en serio la vida. En fin, lo digo con cierta tristeza que seguro que no se lee, porque los años nos han llevado a ambos por diferentes sitios. Y aunque yo creo que aún me atrevería a entonar la canción, creo que él no está en posición de hacer lo mismo.
He corregido la ortografía original, plagada de kas, y el formato. Porque siendo menos "anarkopoesía" su lucidez resulta algo más impactante. Ahí va:
Se pasan el día hablando de la jornada de trabajo: a ver quién hizo más horas extras, a ver quién sacó más pesetas. Para pagar esas deudas, de la cocina y la nevera, garaje y televisor, el piso y la calefacción. ¡Y a mí me llaman extraño porque me tomo vacaciones casi todos los días del año! ¡Que les den por el culo! (yo me como otro pirulo).
No creo que Manolo Kabezabolo pase a la historia como un pensador mediano. Ni siquiera como un músico mediano. Ni siquiera como un músico. Sin embargo, como decía, a lo mejor merece la pena escucharle un rato. Un poquitín. Aunque luego se le llame anarquista infantiloide, hedonista irresponsable, despojo social, chupóptero, o lo que se quiera. Y se le ponga a parir mientras uno cierra caja, consulta el precio de sus acciones en internet o se asegura de que el despertador, efectivamente, sigue estando programado para sonar a las 6:13.
¡Qué bien nos saben esos 3 minutos de sueño que se le roban al día!
Y eso seguro que no lo sabe Manolo. Ni se lo imagina.
25/5/08
No aprendo de los piratas.
Qué dolor sucio y traidor.
Hola a todas:
Hoy quiero hablar de la traición. Desde luego con una óptica miope, simplificadora y ridícula. Como siempre.
¿Qué entiendo yo por “traicionar”? Traicionar a alguien es hacer algo, o dejar de hacer algo, contrario a lo que esa persona espera de nosotros, ya sea por contradecir un acuerdo explícito, implícito o por contravenir nuestro modo habitual de comportarnos. Esto puede ir desde no llevar cerveza a su fiesta hasta votar en su contra en el Consejo de Administración. Por tanto, aún falta algo más para cerrar la “definición”. Y es que ese “comportamiento no esperado” tiene que ser percibido como perjudicial por el traicionado. Esas consecuencias negativas pueden ser, por tanto, completamente subjetivas. Por ejemplo, que te pongan los cuernos en sí mismo apenas causa un perjuicio evidente al cornudo, pero subjetivamente se suele sentir como un dolor grave, asociándolos a “falta de amor”, “falta de respeto”, etc. La traición se puede dar en toda clase de vínculo, pudiendo traicionarnos (o ser traicionados) desde nuestro compañero de mus hasta nuestra hermana.
El traidor se es más fiel a si mismo que a otros. Y eso, la verdad, nos pasa a casi todos en un momento u otro. Diría que es muy humano, pero es que no es sólo humano. El sentido de un/todo ser vivo es garantizar su existencia en vez de lo contrario. A eso se ha dedicado casi toda su existencia, y la de su antepasado, y la del anterior... haciendo toda clase de cosas para seguir vivos y reproducirse. Y eso incluye ser leal, si es conveniente, o ser desleal, si eso nos es más favorable (no perder de vista los objetivos...).
A los puristas les reconoceré que esto es una simplificación. Seré más “exacto”: los organismos vivos desarrollan estrategias que tienden a maximizar la existencia y subsistencia de ellos mismos y sus parientes (digamos, dicen, "de sus genes"). La vida, los seres vivos, son así. Van "a lo suyo" y a "lo de los suyos". Así que, digo esto sin asombro ninguno, la traición es muy natural y no serlo va, cuando respetar nuestras lealtades nos es desfavorable, contra natura. Lo cual, a mi entender, no la justifica.
Es natural, por tanto, que los seres humanos traicionemos. Y estas traiciones, normalmente, las motivamos. Si los motivos importan, yo no lo se. No se si es lo mismo denunciar a un amigo que ha matado a alguien porque se cree en la ley a lo Kant, porque se tiene miedo a ser acusado de encubridor, porque se tiene miedo de ese amigo ahora criminal, por la recompensa que se ofrece, o por otra mil posibles razones. El caso es que ese amigo, que confiaba en ti, está enchironado.
Lo que sí se es que parece ser que la traición está en la forma de ser, es connatural a algunas personas. Parece ser que el que traiciona, tiende a hacerlo una y otra vez. Al menos en experimentos de laboratorio, donde el “traidor constitutivo” traicionan en juegos de muy diferente naturaleza, y traiciona a conocidos y desconocidos. Esa "tendencia a la traición" podría indicar que no importan las razones, que uno siempre puede encontrar motivos que hagan parecer justificable la traición.
Tengan (como siempre) en cuenta que estos experimentos son en laboratorio, no "situaciones reales": ya saben de lo que hablamos, los peligros de generalizar, lo artificioso de las pruebas en laboratorio y etcétera... Si una bacteria que en laboratorio se come el plástico en el campo sólo sabe comer azucarillos, imagínense lo distinto que podemos comportarnos las personas.
Así que opto por mirar alrededor, a ver si es cierto que el traidor es reincidente. Pero como la traición es una cosa que suele quedar oculta, quizá sólo nos queda para evaluarlo mirarnos a nosotros mismos (aquí un profundo ejercicio autoexploratorio…. ¿han acabado?). Como a mí mirarme el ombligo (o que se lo miren ustedes) no me sirve para seguir con el argumento, pasaremos en los traidores públicos. Hay miles de ejemplos, pero a mí me apetece resumirles la vida y andanzas de Joseph Fouché, un caso histórico paradigma del que sabe cambiar de chaqueta una y otra vez. Nació, como todo gran político, en el seno (esto me encanta) de una humilde familia marinera y llegó a la política previo paso por un seminario (donde, suponemos, se le instruyó en las artes que tan buen nombre le dieron). Como político supo sobrevivir a una época en que lo común es que a los gobernantes, antes o después, se les cortase la cabeza. Su carrera comenzó con la revolución francesa, su pasaporte para acceder a la Asamblea Nacional. Allí en un primer momento se adhirió al partido girondino (monárquico moderado), que era mayoría. Pero según el partido pierde poder se fue pasando, silencioso, al lado radical (los jacobinos). Tan notorio fue el cambio que promovió la decapitación de Luis XVI. Como parecía un buen tipo, los jacobinos le enviaron a provincias, distinguiéndose por su “eficaz” campaña antireligiosa (de seminarista a matacristianos). A su vuelta a París ha de enfrentarse a Robespierre, el líder de los jacobinos, que desconfía (supongo que con razón) de él. Y aunque Robespiere en esos años había logrado decapitar a muchos de sus adversarios (antes aliados), Fouché salio airoso y fue su “jefe”, tras un golpe de estado, el que acabo sin cabeza. Por su celo asesino en la etapa jacobina nuestro protagonista lo tenía difícil para salvar el pescuezo. Pero empleando toda su habilidad política no sólo fue amnistiado, sino que se le nombra ministro de la Policía. Desde este puesto controlaba una amplia red de espías que, en su momento, no dudó en poner al servicio de otro golpe de estado, el que entregó el poder a Napoleón (del gobierno del pueblo a respaldar a un emperador). Por los servicios prestados siguió siendo Ministro. Pero Bonaparte, tras saberle envuelto en diversos intentos conspirativos, lo castiga mandándole a gobernar Croacia. Como el hombre no debía estar contento con el destino, se puso de nuevo a conspirar, esta vez para que volvieran los Borbones. Lo que no quitó para ser nombrado de nuevo Ministro en el breve retorno de Napoleón. Tras la derrota definitiva de Waterloo se pasó a la restauración monárquica, ofreciendo el trono a Luis XVIII. Lo que es muy gracioso, si tenemos en cuenta que Fouché fue uno de los partidarios de la ejecución de su hermano Luis XVI.
En resumen: empezó masacrando a sueldo de la Revolución, traicionó a Robespierre, sirvió bajo Napoleón y, cuando éste perdió el poder, se pasó al bando monárquico.
Históricamente también se nos dan soluciones a la traición. Aplicando el lema "Roma no paga traidores”: en vez de los denarios prometidos te regalo esta puñaladita. O como al parecer hacían los piratas: una vez que un traidor de un barco adversario nos ayuda a "tomar" ese barco, la primera acción que lleva a cabo el nuevo capitán es pasar a cuchillo (con escarnio público, por cierto: el que avisa…) a los traidores que le acaban de ayudar. Porque el que es capaz de traicionar, el que se deja comprar, lo puede volver a hacer. Y más vale ser cruelmente cauto que lealmente traicionado.
Por lo que se ve, ni Marco Pompilio Lenas ni los piratas creían que las razones tuvieran importancia.
Yo, que sólo pirateo CDs y no hablo latín ni en la intimidad, sí creo que las razones importan. Que sí tiene interés saber por qué la gente dice que hace esas cosas (eso sí, sin perder de vista que la gente miente, incluso a si misma). Eso no quita para tener presente los experimentos que dicen que la traición está en la "forma de ser" de algunos. Que ese amigo que ante usted pone a parir a otros amigos, probablemente haga lo mismo con usted cuando no esté presente. O esa compañera de despacho que airea las intimidades de otras compañeras, hará lo mismo con las suyas (si las llega a conocer).
Por eso la próxima vez que alguien les cuente un secreto de otro, o ponga los cuernos a su novia con usted o trate de engañar al dividir el precio de la cena, pregúntenle por qué. Y apunten que es capaz de hacerlo en una agendilla. No les va a ayudar a evitar la traición. Pero siempre es mejor saber.
Creo.
11/5/08
Mi sociedad gastronómica.
Sopas de sobre, ¡no!
Hola a todas:
Mi primera foto en este blog (salvo el cuadro de ahí al lado).
Eso que han visto es un cocido madrileño (sin morcilla). No tendría mayor interés excepto por el detalle de que está realizado íntegramente en Edimburgo, una ciudad en la que no es fácil encontrar todos los ingredientes. Lo cual demuestra que soy un excelente proveedor de alimentos sanos y equilibrados. Y que sé de tareas domésticas. Y, por tanto, que soy un gran partido.
Mientras alguna de ustedes se decide a compartir mi mesa y mantel (pa empezar), en esta casa damos de comer a exiliados, españoles y extranjeros, los domingos. Grandes joyas gastronómicas peninsulares de ayer, hoy y siempre: macarrones al horno, unas judiitas blancas o el fotogénico cocido.
Cuando éramos más jóvenes ya hacía yo, en sano complot con mi compañero de piso, comidas domingueras. En las que invitábamos a viejos amigos, a nuevos amigos y a chicas que yo me quería ligar. Y a su novia.
Me encanta cocinar. Me encanta compartir lo que cocino. Y me encanta conversar mientras comparto primero, segundo, postre, café, copa y puro. Es la única manera que me parece eficaz para fomentar que las personas se desnuden, se dejen conocer. Para profundizar en los siempre y asomarme a los nuevos. Ya me dijo alguien que comer es el método que yo empleo para encontrar a los demás interesantes. Y para darle pinceladas de rosa a la vida. Yo más bien creo que no está en mis ojos, sino que es cierto que la gente se abre más delante de un guiso humeante. Porque disfrutar de una comida casera (no de diseño) en una casa (no en un restaurante cool) es una situación muy íntima, en que las personas se encuentran cómodas, arropadas, domésticas. Y que por eso son más ellos, se dejan las caretas, el maquillaje y el vestido de faralaes debajo de la servilleta y se disponen a mancharse los carrillos con salsa de tomate y a que se les vean los alambres. Sin miedo ni vergüenza ni pudor.
Pero sea mi vista, o sea que de verdad comiendo la gente se "suelta", el caso es que el protocolo de traer invitados los domingos es una de mis actividades favoritas. Antes lo hacía mucho. Pero en los últimos años la cosa ha decaído, quizá por falta del público adecuado, quizá por el declive publicitario que padece la dieta tradicional/mediterránea... quién sabe. El caso es que he ido a caer en un sitio donde, sin quererlo, he resucitado una de mis más amadas tradiciones. A ver qué preparo este domingo. A ver qué me cuentan. A ver qué les cuento.
2/5/08
Odio de clase.
Yo como firmé un contrato no puedo parar.
Hola a todas:
Más efemérides (y van tres seguidas).
Tal día como hoy (más o menos):
a) Un montón de valientes descerebrados en Madrid, en Móstoles y en Bailén decidieron partirse la cara contra el opresor francés y contra el no tan francés. Les dieron bien, antes de echar a los gabachos y también después.
b) Un montón de estudiantes se levantaron en Paris contra nada o casi nada... arrastrando a los sindicatos y forzando unas elecciones. También les dieron, pero solo palos. Más divertido fue para los que se levantaron en Praga...
c) Los sindicalistas de los que hablábamos ayer… por las calles de Chicago (¡que yo tanto conozco!).
En fin, la primavera, que debe ser que sí que altera: ¡Qué bonito está Tian'anmen en junio! ¡Y Ciudad del Cabo en octubre!
¿se ha analizado (seriamente) si hay más revueltas en primavera? Diría yo que sí. Será porque hace buen tiempo y apetece reunirse… y de ahí a enfadarse median dos cervezas. O que al comparar como florecen las flores y los patos con nuestra vida uno se solivianta.
Observación no muy perspicaz: las revoluciones sociales siempre las llevan a cabo gentes oprimidas que se revelan. Supongo que porque el que menos tiene, menos arriesga y más necesita. Y me parece que, en general, ganan bien poco, ni ellos (que normalmente mueren o casi mejor que hubieran muerto) ni los suyos. Sin llegar a ver realizado su ideal, o, peor, para ver como el ideal se deforma para convertirse en otra forma de opresión, mejor camuflada. No quiero decir que los de arriba se mantengan pese a las revueltas. Esos pagan el pato, pero llegan otros. ¿Será que el destino de las sociedades es que siempre haya alguien arriba y alguien abajo?; ¿“Todo tiene que cambiar para que todo siga siendo lo mismo”?
Sea en balde o no, casi siempre pringan los mismos. No es que en las revueltas no haya gente “bien”, o que ellos no palmen… Pero menos, sea porque ellos se levantan contra sus padres, o porque “los feos somos más”, el caso es que siempre hay más victimas entre la clase trabajadora/baja.
Y cuando pienso en esto me hierve la sangre. Y es a esto a lo que llamo “odio de clase”.
Se que es gratuito, completamente. Me siento oprimido, siento que alguien me roba la felicidad y la libertad y se beneficia de ella… y no tengo derecho (léase “la libertad os hará… ¿libres?” en caso de duda). Levantarme ¿contra qué?, ¿Contra despertarme a las 9, salir de copas los jueves y acumular 200 DVDs en casa?
Es 100% calentura y boquilla, es ira gratuita por creer que algunos viven mejor a costa de otros (que yo considero “los míos”). Ira gratuita por creer que algunos lo han tenido más fácil. O envidia gratuita, yo que se.
Ya ven que en cuanto me pongo a profundizar me desinflo, me siento ilegítimo (porque lo soy), un sublevado impostor.
Y, aún así, con la razón en su contra, el rencor no desparece, sigue ahí, con su pátina de envidia. Rencor contra la alumna que un día me dijo "eres majo para ser de barrio". O contra el colega que fue a las manifestaciones del 0,7% en su mini. O al que habla de la revolución social y luego tiene clase en el club de tenis. ¿Por qué? Bien mirado no tengo nada que envidiarles, no lo he pasado peor...yo también disfruté y supe explotar bastantes privilegios... ¿Y entonces? ¿Por qué?
Pues, como decía mi padre y a veces el maestro Sabina, nos sobran los motivos.
Todas las estructuras sociales animales, si me permiten la generalización, presentan jerarquías. Estar sometido a una jerarquía genera estrés en los individuos, incomodidades. Desde el macho morsa dominante que persigue y pelea con todos los que quieren “saltarse” la jerarquía y fecundar a sus hembras hasta el pobre lemur de cola anillada al que se le agrede gratuitamente simplemente por su bajo estatus. En general estar sometido a estrés causa estragos en el organismo, porque los mecanismos fisiológicos enfocados a mitigar el estrés (la subida de la presión arterial, la interrupción de la digestión…) resultan perjudiciales si se mantienen activos demasiado tiempo. Es más, puede llegar a causar modificaciones permanentes en el organismo permanecen activos un periodo muy prolongado. Efectos como la práctica desaparición de los testículos, el retraso indefinido de la madurez sexual, hipertensión basal, cambios neuronales permanentes afectando a la habituación y el aprendizaje, mayor nivel basal de glucocorticoides, mayor tono cerebral de las benzodiazepinas naturales…
Seguro que se han dado cuenta de que los humanos estamos sometidos a una jerarquía. Y también que la situación que uno ocupa en ella estresa. Con la diferencia que ante la señal “dios, ahí viene el macho alfa y parece cabreado, a ver como capeamos el temporal” los mecanismos para superar el estrés (esconderse o humillarse) funcionan. Sin embargo si lo que se avecina es el ataque inminente de los números rojos, el pago de la hipoteca o el no encontrar trabajo, salir corriendo funciona regular.
¿Saben que entre los seres humanos las clases menos favorecidas gozamos de índices de salud considerablemente menores? Y no hablo en Lagos o en Chiapas… hablo de las sociedades humanas occidentales, las “avanzadas”. Nuestra esperanza de vida es algo menor, nuestros bebes pesan menos, estamos más expuestos a enfermedades de todo tipo (cardiacas, reumatoides, psiquiatritas…). En principio se puede intentar achacar a que el acceso a la sanidad o a la alimentación de calidad es menor. Y, sin embargo, ambos factores se controlan en estos estudios. Otra opción, muy del gusto de alguno, es que las clases menos favorecidas somos “peores” genéticamente… Pues no, esa posibilidad también ha sido descartada.
¿Qué explicación cabe entonces? Pues que ante las diferentes situaciones a los que nos enfrentamos en nuestra sociedad, son las clases desfavorecidas las que sufren más estrés social, más “hondas” preocupaciones: la hipoteca, el perder el trabajo, el cuidado de los críos…. En fin, casi todas solucionables con dinero, pero algunas también vinculadas al estatus.
Y tanto estrés sostenido tanto tiempo en un primer paso logra alterar nuestro modo de pensar, siempre un poco preocupados, siempre un poco más cautos, siempre más proclives a que salten los mecanismos de respuesta al estrés (psicológico). Y en un segundo nivel no sólo afecta a nuestra idiosincrasia, sino también a la forma en que nuestro cerebro funciona, a como procesa las señales que vienen del mundo. Y, por si les parecía poco, se tarda varias generaciones en que estos cambios en la fisiología y la microanatomía desaparezcan, porque un padre estresado educa a su hijo a ser estresado. Seguro que ahora entienden las diferencias de actitud entre nuevos ricos y pijos “de toda vida”.
Ya ven, el bajo estatus social deja huellas imborrables en nuestro organismo. En la glándula suprarrenal, el corazón o el cerebro. Y no por lo mal que comemos o los poco que nos duchamos… por el estrés que sentimos. Uno es “obrero” por dentro, por bien que le haya ido en la vida, de ingeniero, con la Primitiva o con el pelotazo inmobiliario.
Así que ya están avisadas… conmigo podrían disfrutar de los placeres que brinda el discreto encanto de la clase trabajadora: las sublevaciones íntimas en primavera, la búsqueda de las ofertas más baratas en vuelos y yogures y el compadreo ridículo con los albañiles en el bar.
Tengo hasta un mono azul con mugre, por si les interesa la de “Soy el fontanero, que venía a revisarle las cañerías”.
1/5/08
Otra fiesta pagana.
En la hoguera hay de beber.
Hola a todas:
Por el título podría parecer que el post va del primero de mayo, esa fecha que celebramos desde la mitad del XIX, recordando que en Chicago unos sindicalistas sociatas (sí, socialismo en Estados Unidos; sí, sindicalistas en Estados Unidos... ¿Qué se creen?) pelearon (y murieron) por la jornada laboral de ocho horas.
Pues no.
Es porque anoche estuvimos celebrando paganamente la venida de la primavera en lo alto de un monte.
¿Cómo celebramos? Pues como siempre lo hace el paganismo. Aquí, en el parque del Oeste y en las aldeas maories. Todo consiste en reunir mucha gente, flirtear y mamarse como escoceses.
Primero, un resumen. Como todas las venidas de la primavera, ésta también se representa como la batalla entre lo carnal y un equipillo vestido de blanco capitaneado por una vestal semigriega (inmaculada, con toquilla y paso altanero de jaca andaluza). Un ejército, el blanco, se pasea por la colina en procesión, con tambores y antorchas pero sin capirotes. Luego está el ejército rojo, más caótico, más violento, más desnudo. Los rojos atacan repetidamente a la hueste blanca, hasta que a la tercera va la vencida (lo que estoy contando no es una performance modernilla revisando el levantamiento bolchevique, no se dejen confundir por la fecha).
Un rollo muy druídico, casi animal, a la luz de las antorchas y las hogueras, pero no de las estrellas (porque llovía). Con tambores y sin gaitas (eso no me lo esperaba en una fiesta escocesa).
Vamos, que "las autoridades paganas" ponen a un montón de amateurs semidesnudos y folclóricos pintados de colores bajo la lluvia, de noche y en lo alto de un monte, no siendo Benalmádena en agosto sino Escocia en abril. Los más pudorosos fichan por el ejército blanco. Las más osadas (y los más osados) se pintarrajean de rojo, algunos se ponen cuernos, otros una capa negra. Una horda de Darth Mauls, hasta que se quitan las capas (luego sólo cuentan con el tanga). A todos les das antorchas y tambores y ya tienes una escena digna del Señor de los Anillos (la película).
Los blancos empiezan desfilando, como los Uruk-hai saliendo de Isengard. Y mientas el invierno se pasea, los del verano se calientan la sangre de cara a la batalla y la hipotermia. Una cincuentena de estupendas veinteañeras, carne 100% escocesa, revolcándose unas contra otras y sacándose la lengua, con el tetamen al aire en lo alto de la puta colina (ellos también marranean, claro, pero tienen menos interés). Luego los rojos hostigan al invierno, provocándolo (con las herramientas ya mencionadas). Y no se más, porque en ese momento decidimos que llovía demasiado para nosotros. No se cómo acabó la cosa, pero deduzco que venció el verano, porque ha amanecido soleado.
Resumen: la fiesta pagana consistio en echar al invierno mediante jóvenes que se contonean en pelotas de noche. A eso lo ponen cerveza... y sube la temperatura, lo juro.
Una vez expuesta esta bonita tradición autóctona, centrémoslos en el público que vino a celebrar. Como era un rollo "en un prao" y "tradición local" acuden sobre todo mochileros, hierbas diversos, porreros urbanos con rastas y chicas liberadas... ya se imaginan. Y algún autentico homeless que ha tenido el valor de llevar su jipismo hasta las últimas consecuencias (esa marginación social llena de tatuajes, con su patina de autenticidad; no envidiable, sí sorprendente). Y muchos, pero muchos, españoles. Cortado por ese patrón de "alumno estándar de biológicas" o "alumno estándar de filosofía y letras": mis padres son dos grandes profesionales liberales que me dan el dinero que necesito, la libertad de ponerme pendientes hasta en los ojos, por mi 18 cumpleaños me tocó un coche y paso tres meses cada verano en Cádiz...
La españolidad del evento me regaló los oídos, según huíamos del diluvio, con este comentario: “es imposible que esto sea de antes de los romanos… si antes de los romanos aquí no había gente… además como iban a calcular donde empezaba el verano si no tenían números… no ves que hasta aquí nunca llegaron los árabes”.
Vaya joya.
Lo primero, resaltar lo importante que es, antes de abrir la boca, tener claro lo que uno sabe y lo que uno no sabe. O, dicho de otro modo, con que fiabilidad se adecuan nuestros prejuicios/conocimientos a la realidad.
Además, 1) yo también dudo que la fiesta sea prerromana, al menos en su configuración actual, pero seguramente si celebran desde siempre la llegada del buen tiempo. 2) A los romanos se les dio regular vivir en Escocia pero, independientemente de eso, ellos no fundaron cada ciudad de Europa. 3) Los números existían antes que los árabes y 4) la gente era capaz de contar las estaciones (yo creo que Aristóteles sabia… puede que incluso Tales supiese) antes que los romanos, los árabes y seguramente antes del Homo sapiens.
Esto sólo es capaz de decirlo, mezcla de ignorancia y orgullo, la misma clase de gente que no concibe que existieran sindicatos socialistas en los Estados Unidos. Ni de que fuese allí donde comenzaron a pelear por reducir la jornada laboral de 16 a 8 horas. Y lo peor no es que lo ignoren, eso nos ocurre a todos con prácticamente casi todo. Es que se atreven a defender su ignorancia con “es imposible que…” y “no me creo que…”.
¿Cómo van a ser los americanos más progres que los europeos? ¿Cómo puede alguien saber contar antes de que los romanos, padrs de nuestra superior cultura, les enseñasen a hablar? ¿Cómo puedes llamarme ignorante, si soy el culmen de la civilización occidental? Yo se todo lo que hay que saber, y lo que no se no es cierto…
Porque, ¿qué han hecho los americanos por nosotros? Aparte de los acueductos, las calzadas, el derecho, la moneda y el latín… Pues lo mismo que los paganos…. estorbar.
Y, para terminar, no olvidemos lo importante: ¿No es realmente hermoso el cuerpo de una mujer a la luz del fuego? Y con el encanto extra de no estar haciéndolo a cambio de dinero.
¿Dónde más podría contemplar tal espectáculo?
¿Saben que en mi casa hay chimenea?
20/4/08
Veinte de abril del noventa.
Hola chata: ¿Cómo estás?
Hola a todas:
Desde que nació este blog supe que hoy colgaría una entrada. Hoy y el siete de septiembre. Es tan obligatorio como llamar al 3692230.
Y como en esa mierda de canción, vamos a hablar un poco del pasado. En concreto, del 20 de abril del 90.
Pero, antes de nada, una felicitación. Si alguna de ustedes vino al mundo tal día como hoy en 1990, enhorabuena. Hoy pasa a ser considerada legalmente adulta. Aprovecho y le/me informo de que yo, esta vez sí, podría ser su padre. Literalmente Lo cual es bastante deprimente, creo.
Bueno, a lo que iba: ¿Dónde estabas tú en el 90? En concreto, el veinte de abril…. No se acuerdan. Lo entiendo, no es nada fácil.
Sin embargo, yo lo se. ¿Por qué? Porque era un niño, no tan niño, bastante gilipuertas/empollón. Que cuando se cayó el muro (el de Berlín), aparte de guardar recortes de El Sol y El Mundo sobre tal evento, se creyó a pies juntillas que el mundo (el planeta, no el periódico) iba a transformarse radicalmente. Luego, claro, no fue para tanto. Por eso empecé un cuaderno en el que anotaba al principio como cambiaba el mundo, luego como cambiaba mi vida y al final absolutas idioteces. No es un diario, porque no hacía meditaciones ni filosofías... sólo escuetas anotaciones, datos (por pereza, como no).
Por eso puedo saber, a día de hoy, con bastante exactitud, cuantos viernes pasé en el BK en el segundo semestre de octavo. Y las notas que saqué en los exámenes. Y la comida del día de mi cumpleaños (espárragos y rollo de carne picada). Y de casi todos los demás días (por eso se que mi gordura no se debe a una dieta desequilibrada, sino a excesos cometidos contra una bastante equilibrada).
¿Qué hice el 20 de abril? Pues les cuento lo que está reseñado:
Primero, dos pajas.
Segundo, tuvimos gimnasia de tres a cuatro.
Tercero, era viernes... e íbamos a jugar una partidilla de rol en casa (sí, terriblemente terrible).
Cuarto, estaba peleado con el tipo que ahora me hospeda, por disputas sobre un trabajo que teníamos que entregar en sociales (al final yo hice un trabajo sobre la guerra civil y él sobre la mundial, o al revés). No recojo los motivos exactos.
Cinco, el día anterior, según salimos de judo, confesé al más rubio de mis mejores amigos que estaba enamorado de una (moza) de mi pueblo, con la que había hecho por coincidir durante la recién concluida semana santa (que fue como las anteriores, de bici, torrijas y recogida de cardillos con un suplemento de dos procesiones, pa pegar hilo con tal moza). Estaba enamorado de ella desde hacía varios veranos, y varios más me duró la tontuna. Recuerdo muy bien, en este sentido, el anterior (el del 89), con su “Gimme hope Jo’anna”, su “culpa fue del chachachá”, su “a bailar, a bailar” y sus conatos de frotarse en la lambada... el despertar de la carne.
Desde luego, una vida interesantísima la de los trece años.
En fin, el idiota del Cifuentes echaba de menos el pasado en la canción. No sólo él, todos de cuando en cuando echamos de menos el pasado. Ustedes, yo, mi pescadera... porque la memoria lo maquilla en dulce. Y ahora viene lo de los experimentos: siempre me han fascinado los trabajos sobre la memoria en la que uno no recuerda, p ej, aquel año de balance económico funesto... O aquellos en que le dan un ligero shock eléctrico a una rata en el momento de “recordar” una tarea muy asentada y la pobre la olvida (se acabó la comida al bajar la palanquita). La memoria se modifica cada vez que la usamos... pero eso para otra vez. Ahora vamos con lo de echar de menos el pasado.
La nostalgia está bien, pero con cautela (lo dice uno que subtitula con canciones de antesdeayer).
Porque respecto al como miran al pasado podemos distinguir dos clases de personas. La gente que cree que lo mejor de su vida ya ha pasado y la que aún cree en el futuro y piensa que lo bueno está por venir. Esta sensación, me parece, cambia a las personas. Implica una serie de comportamientos y actitudes que afectan más que ninguna otra creencia a cómo vivimos. Desde luego uno tiende a pasar del segundo al primer grupo según envejece... es muy fácil que la vida te depare aún grandes cosas cuando tienes trece. Y, sobre todo, es muy fácil que te lo creas.
A mi me parece que lo mejor sería no dejar de ser de los que miran al mañana creyendo que nos depara algo maravilloso. Y no hablo del piterpanismo, eh, no me refiero a seguir viviendo como si el tiempo se hubiese detenido. A lo que me refiero es a dejar que la vida continúe, con sus hipotecas, su curro rutinario y su polvo bisemanal. Pero dando una oportunidad a mañana de ser mejor: ¡No se vayan todavía, que aún hay más!
La vida no lo pone fácil. Pero yo intento esforzarme en no mirar atrás con demasiada añoranza, porque hacerlo es empezar a rellenar la solicitud del geriátrico. Así que mi recomendación hoy es que no se caigan en el "cualquier tiempo pasado fue mejor". Que esos son muy coñazo en las conversaciones.
Aprovecho, además, para pedir que olviden esa canción. O al menos, no la tarareen. Sustitúyanla por “Sólo se vive una vez”, otro gran éxito de aquella época.
O, mejor, por “Los amigos de mis amigas son mis amigos” (vaya lío, sí).
18/4/08
Casarse en el XIX.
Me he comprado un piso, un coche japonés… y aunque tengo todo no me siento bien.
Hola a todas:
La universidad de Cambridge ha tenido a bien publicar muchos de los documentos que dejó Charles Darwin en su página web. Hay, claro, cosas interesantes (nada revelador, más bien curiosidades a estas alturas) en las que indagar. Pero ha llamado mucho la atención un listado de los pros y los contras sobre el matrimonio que Darwin redactó con 28 años, recién vuelto de un viajecito a Sudamérica. Parece una de esas listas de “qué hacer antes de los 30”. Tan naive y tan simple como la que podía haber redactado yo. O alguna de ustedes. Eso sí, al final el hombre se casó y trajo un buen puñado de hijos al mundo (bueno, su mujer/prima hizo casi todo)
Entre los pros están las siguientes poderosas razones:
- se pierde la libertad para ir donde a uno le plazca (p.ej. a las islas Galápagos)
- también se pierde uno grandes conversaciones con hombres brillantes en los clubs
- hay que visitar a parientes (de ella, se entiende)
- los gastos y los problemas que provocan los niños
- hay discusiones, muchas veces por fruslerías
- se pierde mucho tiempo
- uno no puede uno leer por las noches (bueno, esto es una pega según el por qué)
- se engorda (sin casarse también, me temo)
- genera ansiedad y responsabilidades
- se tiene menos dinero para comprar libros
Y a favor del matrimonio, tenemos lo siguiente:
- tener niños (que salen caros, sí, pero son divertidos)
- la compañía constante, sobre todo cuando uno llega a viejo
- tener un ser amado con el que uno puede jugar (mucho mejor que un perro, y esto lo dijo él)
Resumiendo: en lo malo, la pérdida de independencia y de libertad de acción (para leer, viajar o ir a los bares). Y en lo bueno, terminar con la soledad (con hijos y con perros).
¿No es por esto que no nos casamos hasta los 29,6? (31,8 nosotros)
¿Ni por lo que no nos reproducimos hasta los 29,3?
¿Ni por lo que vivimos con nuestros padres hasta los 31,3?
Razones para el XIX y para el XXI.