Hola a todas:
Hoy es viernes santo. Es una vergüenza, pero no recuerdo si hoy murió Jesucristo, hoy le enterraron, hoy resucito u hoy se lavó las manos Don Poncio. Una vergüenza solamente por el dineral que mis padres se gastaron en añadir a mi cv doce (se dice pronto) cursos de religión, año tras año, pradrenuestro tras padrenuestro. Es lo que tiene la información arbitraria: cuando dos conceptos se unen sin lógica ninguna es fácil que se borren de la memoria (aunque algunos también perduran inútilmente, como la lista de las preposiciones castellanas, incluida so, o el "clavelitos").
Sea como fuere, hoy es día de sufrir. No tanto por lo que pasó (o dicen que pasó) hace veinte siglos, sino porque la semana santa en Madrid es garantía de soledad total. Al contrario que en navidad, que cuando vuelves las autoridades ponen las calles y tu casa abarrotadas, ahora sólo te reciben soleadas avenidas vacías, torrijas a tres euros en las pastelerías y muchos sitios para aparcar.
La soledad hace pensar. Y a mi me suele dar por pensar en pasado.
La verdad es que este post (el título y la canción subyacente) no lo había pensado para referirlo a mí. La idea era hablar de lo siguiente: aunque corrijas las razones que una mujer sostuvo para explicarte (y explicarse) por qué te dejaba, eso no tiene ABSOLUTAMENTE NADA que ver con que esa mujer quiera volver contigo. Es decir, al pasado no se puede volver. No hay marcha atrás. Cuando dos países desarrollan armamento nuclear la solución a la tensión nunca es desarmarse, nunca es volver al estado anterior. Siempre es dar un paso adelante, crear satélites antimisiles, muros de xenofobia y patriotismo o confusos tratados de desarme parcial.
Hoy es hoy, y ayer ya no es (ni será) nada.
Pero, al final, el post va a ser para mí. No sobre mujeres, sí sobre vueltas al pasado.
He vuelto, circunstancialmente, a Madrid. Madrid es muchos sitios, entre otros mi universidad. Y me está resultado más desagradable que agradable. Y es una sensación que no esperaba (esperaba encontrarla tan acogedora como vive en mi recuerdo). Lo bueno es que he encontrado la fuente del desasosiego: mi yo del pasado, lo que él fue, las sensaciones e ideas que dejó. Tras tantos años en esta institución me han (se ha) creado un rol, un papel, mediante el cual los demás me comprenden y al que yo me adapto.
Pero el traje ya no me gusta. En algunos sitios me tira, a punto de estallar. En otros está dado de sí, me tapa cosas que necesito que se vean. Pero lo que más jode es los sitios en que se ha quedado corto, las vergüenzas que ya no es capaz de tapar.
Aquí soy lo que fui, lo que todo el mundo sabe que era, para lo bueno y para lo malo. Y nadie ve más allá de esa imagen, gordo, afable pero irascible, inteligente y perezoso, maleducado y bienintencionado y con gafas.
Y yo ya siento que soy otra cosa. Que no todo lo que se sabe de mi se debería saber. Y que hay cosas que quiero que se sepan que nadie escucha.
Todo es culpa mía, lo se.
Bueno, mía no. De mi yo del pasado.
No quiero ser más lo que fui. No quiero volver a amoldarme a ese traje. Aunque en el fui muy feliz mucho tiempo. Pero hasta que me lo he quitado no me he dado cuenta lo incomodo que estaba y lo mal que me sentaba. Así que lo colgué, lo lavé y lo puse a ventilar. Pero ni por esas. Nadie ve más allá de lo que han venido viendo doce años.
Por primera vez entiendo esa satisfacción norteamericana de volver a empezar, de poder inventarte de nuevo, de mentir a los demás y ti mismo tanto como quieras o te permita tu personalidad.
Claro que no soy tan distinto a lo que fui. Evidentemente. Nada cambia tan rápido. Pero lo que más se nos parece es lo que más se odia: a tu hermano dos años menor. Como se odian serbios y montenegrescos. O la Esteban y la Campanario.
En fin, que volver ha sido una estupidez. Estupidez que, por otro lado, se volverá a repetir.
21/3/08
Mi pasado me condena.
Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.
17/3/08
Adjetivando de nuevo.
Que no sea muy malo... Que no sea muy bueno....
Hola a todas:
Hoy abrimos con dos reflexiones ajenas.
Las personas malas no son las que no se sienten mal cuando hacen daño a los demás. Son, simplemente, las que te hacen cosas malas.
Las personas buenas no son las que no se sienten entupidas o ridículas o avergonzadas cuando se preocupan por alguien o por algo. Son, simplemente, las que hacen cosas buenas.
¿Se es menos malo si te sientes un cabrón cuando jodes la vida alguien?. No, yo creo que se es incluso peor. Porque los remordimientos indican que se es consciente de la vileza y, por tanto, se podía haber evitado.
¿Es menos bueno quien se siente un imbecil cuando ayuda a alguien? Menos bueno, no. Eso si, casi seguro que es un imbecil (pero de los que caen bien).
Lo sé: es muy simplista. Hay mil detalles... desde el marco temporal en que se emite el juicio (a lo madre: comete las lentejas o no te levantas de la mesa... hoy mal, mañana sin escorbuto), el relativismo moral (a lo Daredevil: si detengo a este tipo su familia no tendrá nada para comer) o la posibilidad de hacer daño a alguien para favorecer a otros (a lo Trichet: bajar el euribor y que se dispare la inflación). Temas todos ellos muy interesantes, pero no son de mi incumbencia. Yo sólo quiero hablar de como juzgamos, no quiero juzgar.
Lo primero que nos hace falta es una vara de medir. Cada uno tiene la suya (algunos tienen varias). Un referente que te orienta, que te dice "si haces lo que yo digo eres de los buenos; si me contradices, de los malos". La adecuación puede ser más o menos elástica, según uno admita mejor o peor los tonos grises, según valore los confusos debates del párrafo anterior. Pero en general se tiende a la fotocopia, al B/N, a ceñirse a la letra escrita. Las religiones monoteístas son expertas en este "o conmigo, o contra mí". Quizá porque es más fácil referir a puntos fijos, inmutables, todo se llena de esta clase de divinidades opuestas: o con la ley o contra ella; o con lo políticamente correcto, o contra ello; o con el trasvase del Ebro o contra Cataluña; o con Luís o contra España...
Una mierda, sí, pero es lo que preferimos/necesitamos: Reglas fáciles, juicios fáciles, condenas fáciles. Todo fácil, claro y limpio. Cuando parece mucho más divertido el politeísmo... con Zeus y Apolo, pero contra Atenea... con Aguirre y Acebes pero contra Gallardón....
Todos a coro: ¡Muerte al bipartidismo!, ¡Al yin y el yan!, ¡Al normal y al freak!
Y después de esta estéril ronquera, volvamos a lo de una ÚNICA vara de medir (que matizar cada juicio es un rollo). Nuestra vara de medir nos permite adjetivar, juzgar como egoísta o altruista, como caliente o frío. Porque los adjetivos colocan lo calificado en una escala. La escala puede constar únicamente de dos grados (vivo y muerto, por ejemplo) o de muchos (los siete colores del arco iris, y hasta 200 más si eres mujer, 35 si eres hombre), aunque estos siempre se pueden descomponer en una sucesión de pares mutuamente excluyentes (algo verde es, a la vez, no negro, no azul, no morado... y así 31 o 196 veces más).
Pensemos ahora en cómo escoge cada uno el punto de referencia (no pierdan entre tanta cháchara que hablábamos de ser bueno o malo). Se me ocurren dos opciones:
a) respecto a una media (subjetiva) de la población a la que nos referimos. Es decir, cuando le dices a alguien que es alto no quiere decir que sobresalga de los fresnos, quiere decir que, dada una media (subjetiva) de la población, esta persona está por encima de esa media. Respecto a lo de ser bueno o no, sería algo como: si dividimos la población universal entre personas buenas y malas, tú te quedarías en el lado de los que se van al paraíso, cuerpo y alma, a disfrutar pasa siempre de placeres no carnales.
b) respecto a un referente abstracto, un ideal. Esto casi siempre vale para las valoraciones del espíritu, como justo o cruel, pero también para juzgar príncipes azules ("eres demasiado moreno para ser mi novio"). En estos casos cuando se dice que eres buena persona se piensa en cuanto te acercas al "ideal" de bueno. La escala en este caso no la define la observación, la define ese "algo" al que me he referido al principio: un dios, unas leyes más o menos escritas, un puerta de discoteca...
Por cierto, con este criterio creo que casi todos somos malos. Malísimos.
¿Nos importa algo todo esto?
Pues, por lo que se ve, a algunas sí.
A ellas les diré, como guía espiritual (para la tranquilidad del mismo), completamente gratis y sin efectos secundarios, lo siguiente: No pregunten lo que, en realidad, no quieren saber.
Porque hay gente que no sabe no responder a cuestiones de gran calado como ¿Crees que soy una persona inteligente?, ¿Has estado con alguien desde que lo dejamos?, ¿Estoy más gorda que cuando me fui a Suiza? o ¿Te lo follaste en nuestra cama?. Que sí, que lo indiscreto es la respuesta y no la pregunta. Pero no se puede andar pidiendo todo el rato a los demás que mientan/sean discretos por uno (esto hay que reservarlo para las excusas tapa-cuernos o para cuando faltas dos días a trabajar).
Y, como cierre, oigan lo que oigan estén tranquilas. Con toda seguridad son todas ustedes buenas. Muy buenas.
PD (mi primer post data):
Vuelvo por aquí, sí. Es que me ha escrito un mail una persona que se declara lectora asidua (¿?) y noctámbula, añado. No estaba indignada, simplemente quería saber si el críptico final deja caer que creo que todas las mujeres son malas.
No, apreciada amiga, está en femenino porque encamino mis textos al abundantísimo público femenino. Pero en realidad quería decir, "Con seguridad son todos ustedes buenos. Muy buenos.", entendiendo el masculino como el genérico del castellano. Y lo digo porque:
a) Creo sinceramente que todo el mundo es bueno. Aunque la realidad se emperra en llevarme la contraria (pero son casos puntuales).
b) Todo el mundo SE CREE que es bueno (por aquello de que todos nos vemos siempre un poco por encima de la media).
c) El masculino no permitía el juego de palabras de usar el "muy buenas" tanto como asentimiento de lo previamente expuesto como de despedida.
No es mi política contestar a los lectores airados, pero es que esta señorita ha sido muy divertida y muy simpática (y me ha preguntado si podríamos quedar a tomar un café).
9/3/08
Lo que tu y yo sabemos.
¿Cómo preguntas si tenemos algo en común?
Hola a todas:
¿Han vivido alguna vez una de esas situaciones en que se entienden instantáneamente con un desconocido sin tener que decir nada? ¿No es fascinante?
El otro día, restaurante en Edimburgo, dos españoles (uno de ellos de esos que está en la parra), un italiano y un japonés. De pronto, cruce de miradas... tu a mí, yo a aquel. Efectivamente, la camarera está terriblemente buena.
Otro ejemplo de comunicación no verbal, en la misma línea, en Lavapies. Entran al kebab dos españoles (uno sigue un poquito en la parra). Por no mezclar colores y nacionalidad (o por corrección política) dire, mejor, que entran al kebab dos varones caucásicos, relativamente jóvenes. Y allí están el dependiente (que no camarero) árabe y cuarentón, dos guitarreros sudamericanos (edad imprecisa), un chino cenando sólo (edad más imprecisa) y entra un negro (veintipocos) vendiendo CDs. Sí, lo sé, parece un chiste de los que demuestran que, al final, el español es el más listo.
Mientras se ojean los CDs entra, esta vez sí, una mujer (también negra): Cruce de miradas, al chino, al negro, al camarero... silencio sepulcral. Acaba de entrar la madre primigenia, la más mujer de las mujeres, la hembra, la única... regalándonos su presencia. A ninguno nos cabía duda. Nada que decir, sólo hay que adorar.
Otro, que estoy embalado. Gabón, esta vez un solo español sin parra, saliendo del portal. Y enfrente una reunión de gaboneses. Y pasa un chica por la calle. Efectivamente, no se equivocan. Con las miradas a todos les quedo clarísimo lo que les parecía. Y les parecía bien.
¿Qué nos dice eso? Sí, que todos los hombres somos iguales (y unos cerdos). Pero, ¿qué más? Pues lo que ya sospechan todas, que tanto la universalidad de las miradas como la de los gustos nos quiere decir algo (no es que todos somos iguales más allá del color de la piel, no me sean ñoñas). Nos dice que, aún no habiendo comunicación explícita, ni una educación común, ni una misma tele que nos venda los mismos modelos, ni siquiera los mismos anuncios de cocacola, parece que a los hombres nos gustan cosas parecidas en las mujeres. Cosas que sabemos todos, que no explicitaré. Porque hoy lo que me interesa es la coincidencia. Y es que la constancia en gustos es apabullante, independientemente de donde saques al muchacho, rico o pobre, republicano o demócrata, azul o verde...
Hay algo "biológico" en esto, algo que lleva dentro de si cada ser humano... Casi todos pensamos igual pese a las muy diferentes vidas que hemos llevado, luego parece lógico pensar que esa comunión está en la materia de que estamos hechos (la materia humana). Hay quien defiende que esta concordancia no está en los genes, sino que es aprendida, una manera (¿injusta?) de ver a las mujeres que está en todas nuestras culturas. Y entienden las pocas culturas/los pocos señores que miran a las mujeres con otros ojos como ejemplos de que la visión general es cultural. Sin embargo es más sensato, creo yo, pensar que está en la naturaleza de los hombres y que sólo algunas culturas han sabido modificar estas preferencias, cambiar la "naturaleza humana".
Por favor, no confundan "natural" con "correcto". ¡No somos Rousseau! ¡Ni jipis!
¿Qué todos miramos más a las chicas jóvenes? ¿Qué sólo nos importa el ratio cadera/pecho y la tersura? ¿Creen que somos unos hijos de puta? ¿Qué fabricamos sufridos estándares con esa presión constante e inconcreta? Pues ahora viene lo mejor (se van a reír). ¿Saben que tal puntúan las chicas a otras chicas?. ¿Y dónde creen que reside su belleza? ¿Y lo homogénea que es esta opinión de mujer a mujer?
Supongo que por el tono y el orden de las preguntas se entiende que 1)las chicas puntuan a otras chicas peor que los hombres, 2)que las mujeres consideran bello más o menos lo mismo que los hombres y 3)la opinión es muy homogenea entre mujeres.
¿El juicio está en la naturaleza? ¿O ha sido aprendido por hombres y mujeres?. Yo creo que a, pero ¿qué importa? ¿Por qué interesarse si nacimos con ello o nos lo han colgado, si el problema es que la belleza, las miradas y los piropos caducan? Que no siempre seré objeto de los comentarios espontáneos entre desconocidos. Ni de los piropos desde el andamio. Ni de las envidias de las otras del bar.
No se inquieten. Siempre se puede confiar en el coche-escoba.
Y, mientras llega, déjense entretener con estos debates.
29/2/08
El ser, es. Y el no-ser, no es.
Así están las cosas, unas moradas y otras rosas.
Hola a todas:
Yo pensaba que esa frase era, solamente, el comienzo de una joyita de libro, muy recomendado para siestas a deshoras: "el ser y la nada". Pero me ha dicho el más griego de mis amigos que la frase es de Parménides, si no literal, en su esencia. La frase constata, básicamente, una soplapollez. Aunque se le pueden exprimir muchísimos pensamientos (desde "el ser es uno, inmutable y etc" a "el pasado no existe y etc" o "ese es el dilema y etc"). ¿Qué afirma, si la dejamos desprovista de la historia de la filosofía?. Pues que lo que existe es lo que existe (y, más interesante, que lo que no existe, lo imperceptible en ningún sentido, no existe).
Yo, por ejemplo, existo (con o sin solipsismo, escribo luego pienso, y por tanto existo...). Y aqui acaba la parte de filosofías (prometido).
¿Cómo de bien se nos da a los seres humanos decidir qué existe y que no?
Con los sustantivos es fácil: este tenedor, existe; El BBVA, existe; Mi vida sexual (fuera del solipsismo), no existe; Mi dolor de garganta, existe; Mi flamante descapotable negro, no, no existe... y así, días podíamos estar. La cosa se complica si hablamos de "cosas" que no tienen "cuerpo", algo directamente perceptible: el EURIBOR, la política de integración o el amor... Percibimos sus señales, pero estas señales se les pueden atribuir, a veces, a estos conceptos abstractos o a otros. Aún así podemos decir que existen, pero dan problemillas, porque podemos encontrar diversos individuos que no estén de acuerdo (por ejemplo, respecto a si aquello era o no era amor, pregúntenle a alguno de sus ex-novios).
El mismo problema dan los adjetivos: el descapotable es negro... pues según, igual es gris marengo. Y más complicado si hablamos de cuestiones difícilmente medibles (porque, a fin de cuentas, podemos medir, o acordar como medir, la negrura, lo caliente o lo doloroso... pero no lo flamante que es mi descapotable, excepto con encuestas de opinión).
Me estoy yendo por los cerros de Úbeda, lo sé. Y yo lo que quería era discutir la siguiente afirmación: ERES UN MACHISTA.
No digo yo que no sea verdad. Ni mentira. Porque, salvo que a alguien se le ocurra como medir tal cosa, nos tenemos que conformar con lo que me digan las encuestas de opinión. Preguntas, escuchas, te defiendes y, al final, te queda claro, si no lo que eres, lo que tus encuestados creen que eres.
Sin embargo, antes de que hable mi abogado, me gustaría darle vueltas a dos cosas.
Primera, la verdad como opinión. Uno puede decir: El chikichiki es un fraude, y bajo esto se lee: opino que es un fraude. Y se puede decir justo lo contrario y no ser necesariamente falso (en realidad es que opinas que no es un fraude).
Sin embargo no todas las afirmaciones son opinables, o no en el mismo sentido. Por ejemplo, el cuadrado de la hipotenusa es la suma de los cuadrados de los catetos de un triangulo rectángulo va a ser así, lo crea todo ser humano o ninguno (si hubiera otra mente que comprenda qué es un triangulo y pueda medirlo con sus patitas y meter los números en una calculadora podría contrastarlo). La negación de sentencias como esta lo que en realidad quiere decir es "opino que no has hecho correctamente la demostración matemática".
Con otras verdades "medibles" pero más "frágiles" que las que genera la matemática ocurre algo parecido: la inflación interanual no es del 4,5% quiere decir "opino que el cálculo que han hecho de la inflación no es correcto". O negar "a los hombres les interesa, sobre todo, la juventud de sus parejas sexuales" quiere decir que no se cree en los métodos realizados para hacer la encuesta, los cálculos estadísticos o en la estadística (como ciencia) en sí.
No vengo a defender que haya verdades innegables, todas se deben poder negar (algo es ciencia sólo cuando las hipótesis que afirma son falsables). Pero es importante entender en qué dimensión nos estamos moviendo. Uno puede intentar refutar, digamos, que la velocidad de la luz es (aproximadamente) 300.000 km/s... pero no mediante una encuesta puerta a puerta. Ni, muchos menos, diciendo "yo no opino lo mismo". Puedes opinar lo que quieras, pero es que no hablamos de opiniones, sino de medidas.
Volvamos a lo que discutía. A la afirmación "en la especie humana el emparejamiento monógamo dura, como media, 3,6 años" uno puede negarse con argumentos como "he leído el estudio y me parece que está sesgado" o "pues yo he leído/realizado un estudio parecido que contradice esos resultados" o, incluso, "mi experiencia en la vida no me dice esto" o "me estas mintiendo y te estás inventando el dato". Pero enrocarse en un "YO NO OPINO ASÍ" no cuestiona en ningún sentido lógico esta afirmación, porque esto tampoco es cuestión de opiniones, es cuestión de medidas.
Segundo (sí, aún queda otra parrafada, lo menos), la diferencia que hay entre lo que uno conoce o afirma y lo que opina. Si digo "las mujeres de mas de 35 años apenas tienen oportunidades de encontrar pareja" no quiero decir "las cuarentonas no me ponen" ni "no me extraña que no ligues, porque se te ha pasado el arroz".
Sí no lo ven claro, piénsenlo hablando de leones: "cuando un nuevo macho pasa a dominar al harén elimina sistemáticamente a todos los descendientes de su predecesor" Cuando alguien dice esto no sostiene, a la vez, "que sufran esas pequeñas bestezuelas la inoperancia de su progenitor" ni "ayudemos al nuevo y flamante vencedor y abatamos a tiros a esas malditas criaturas". Y, mucho menos, "y que sea así por siempre". Se que es difícil, pero creo que hay que saber distinguir “lo que ocurre” de “lo que me parece razonable que ocurra” (y, a la vez, hay que saber distinguir “lo que me parece justo” de “lo que a mí me conviene”… pero esto es otra historia).
Otra cuestión es que haya que sacarme los ojos de las cuencas por traer la noticia. Confundir el continente con el contenido, el mensajero y el mensaje, el barril y la cerveza, la poesía y el amor, el premio y la calidad...
Evidentemente tengo una opinión. La tengo y bien clarita. Pero el conocer datos de esta índole no implica que esté de acuerdo (o en desacuerdo) con las implicaciones que éstos puedan tener. Desde luego lo que conozco afecta a lo que creo, y viceversa. Pero eso no hace ni que lo que afirmo no sea cierto ni que vaya a cerrar los ojos si mis opiniones se demuestran falsas.
Si quieren saber si lo que veo me gusta, pregúntenmelo. Les diré, así, a modo de resumen, que preferiría que todo lo dictase más la lógica y el compromiso con lo que uno afirma que las veleidades hormonales. Ahí queda.
Que "los hombres casados no tienen menos relaciones con dos mujeres simultáneamente que los solteros" y "las principales características que interesan a los hombres son la juventud y la feminidad de sus potenciales parejas" jode, lo sé. Pero también es verdad que "lo que más realza el atractivo de los hombres es su situación socioeconómica" y que "uno de cada cinco nacidos no es hijo de quien cree ser su padre". Afirmo (afirman) las cuatro cosas, y afirmarlas no me hace feminista (ni machista)
¿Me gustan estas afirmaciones? Pues no. Pero habrá que saber, independientemente de que nos guste o no. Sólo los monstruos del armario desaparecen cuando cerramos los ojos. Al resto les gusta estar, aunque no miremos, y sonar al caer, aunque no escuchemos.
Como decía al principio... así están las cosas.
17/2/08
Triangulando.
Ella tiene todo por lo que dos hombres pueden pelear (menos un Cadillac).
Hola a todas:
¿No es maravilloso el triángulo? No me refiero al ridículo instrumento musical ni a lo que hacen, alguna vez, los multimillonarios futbolistas. Hablo del triángulo amoroso.
El triangulo, en amores, es como el trío, pero con tres ángulos. Y los ángulos, que maravilla, suman 180º. La suma es siempre, al final, un espalda contra espalda. Un tu contra mí, diez pasos, disparar.
Yo, como todos, he sobrellevado triángulos. Pero casi siempre del tipo "somos dos amigotes de toda la vida, aparece la Srta. A, que maja..." Y allí, debatiendo durante horas, yo enamorado, él respaldándome... "Yo creo que esta por ti", "Pues a mí me huele a muerto, pero es que me gusta mucho" "Pues a mí ni por dinero" y al final, trenecito: yo por ella, a ella le gustaba él (el otro él) y él, como locomotora, no estaba interesado más que en seguir hacia delante, en abrir horizonte.
Otro juego muy común, del que venía a hablar, es el de éramos dos, pero ahora somos tres y aquí es o pa ti o pa mi (o pa ninguno, al río). Es ese en que, habiendo inicialmente un segmento (dos amigos/as) aparece un vértice "dispar" y ambos extremos del segmento construyen relaciones con el nuevo punto. Hete aquí el triangulo (tres segmentos unidos por sus extremos). Pero si en una relación entre dos no hay equilibrio, como pensarlo entre tres. Sobre todo si una, o ambas, de estas relaciones "nuevas" tienen tintes románticos.
Es muy divertido de jugar, porque todos los que participan se "quieren", todos están interesados los unos en los otros y, llegado el caso, habrá que elegir. Y eso jode.
Resultados posibles del encuentro (liga masculina):
a) me la ligo yo: que mal rollo con mi amigo (como sufre, como disfruto... voy a solidarizarme y sufro un poquito por él, mientras ésta se va desnudando)
b) se la liga él: quiero matar a mi amigo (pero como "de toda la vida" me muerdo hasta hacerme sangre, le felicito y me acomodo al rol del que perdió)
c) no se la liga ninguno (esto puede ir desde el "nos pusimos tantas trampas que no queremos acordarnos ni de nuestros nombres" al "y lo celebramos juntos de pedo, para mayor gloria de los bares de dardos y la música heavy")
d) Nos la ligamos los dos. Esto abre grandes expectativas de drama. Lo más beneficioso es que sea sucesivamente, y aún así el mal rollo esta casi asegurado... pero mucho mejor que si nos la ligamos simultáneamente (salvo simpático trío, tu detrás, yo delante... y a coordinar).
Parece claro que casi ninguno de los resultados factibles, excepto si las cosas siguen el curso de los de la canción (brindaremos porque ayer nos separó ella), es muy sano para la sana amistad. Así que, ¿cómo se juega a esto cuando un amigo te viene con la de "Me he enamorado" y tu respondes "De la misma que yo"?
En el debate aparecieron dos soluciones. Unos me dicen que con fair-play... al primero que lo consiga, en una competición limpia, sin puñados de arena a los ojos ni dagas en la bota...
Pero yo no creo en el fair play. No puede haberlo. Porque es verdad que en el amor y en la guerra vale todo. Porque cuando nos jugamos nuestra reproducción (o nuestra supervivencia) toma las riendas lo más instintivo. Y a ese hay que mirarlo con respeto, que lleva ahí, dentro de cada uno, desde hace millones de años. Y no se va a parar a pensar en alguien a quien conoces hace ¿cuánto?, dos meses, quince años... que es eso comparado con los eones que han forjado a esa bestia...
Así que antes de hacer algo que envenene a mi amigo (más o menos literalmente), está la segunda opción, defendida por los más del hemiciclo: el pacto entre caballeros, la retirada digna del que se considera más probable perdedor. Se miran los samuráis a cada lado del puente y se cede el paso al más poderoso.
¿Cómo se evalúa eso? ¿Buscamos un auditor externo? ¿Medimos nuestras fuerzas siendo groseros frente a la dama (y comprobando si se ríe y cuánto)? Pues nada de eso deja las cosas claras nunca (no hay más sordo...), así que volvemos a lo de antes, al fair-play (qué para eso somos amigos).
La cosa se me escapa mucho más cuando hablamos de mujeres. ¿Si ud. y su amiga se enamoran del mismo tipo, qué parece que les hace bastante caso a las dos (no es de extrañar esta dualidad masculina), cómo se procede? Yo me inclino por la guerra a hurtadillas... pero quién soy yo para pretender entender la mente femenina... Así que, sin pudor, opinen. Por favor.
Y, mientras salimos de dudas, ahí les dejamos a los dos, mirándose a cada lado del puente. Toda esa agua y ellos en sequía. Y con el calor que da la puta armadura.
9/2/08
Venta on line
Te puedo dar todo -añadí- excepto entusiasmo
Hola a todas:
Seguro que lo han intentado. Si están aquí y han llegado por el título, lo habrán intentado. Yo también. ¿Quién no? En estos tiempos...
Las páginas de citas.... ¡vaya inventazo!.
Y qué, defraudadas ¿no?. Yo diría que el descontento es generalizado, sobre todo si lo que se buscaba era "amor" y no conocer gente que necesitaba que le escuchasen/tomar haloperidol o, los más afortunados, llevarse a casa un polvo deseado pero repentino (normalmente con algún "extra", tipo elevalunas eléctrico o llamadas fuera de lugar y tono un mes despues).
Se que hay gente que se ha conocido, casado y divorciado gracias a la red. Pero, sospecho, la incidencia real es mínima. Porque, como decía el menos intuitivo de mis mejores amigos, si nadie te quiere, por algo será. Y si tienes que buscarte las castañas en internet, por algo será. Quiero decir, con perdón de todas ustedes, que me parece que en ligar en la red nos refugiamos todos los que tenemos/sentimos taras (normalmente emocionales). Y dos medios casi nunca suman un entero (y, mucho menos, dos enteros).
Insisto, estoy hablando de gente buscando amor, no de "casado de 34 harto de la vida en pareja busca mujer en igual situación para sexo esporádico y sin compromiso: abstenerse latinas".
Les cuento tres casos. No son los únicos, sólo los más reveladores, de la temporadita que llevo jugando a esto. Empieza, claro, con un anuncio en el que canto mis virtudes y, sobre todo, en el que especifiqué: no relaciones electronicas. A mi lo que me interesa es frecuentar el "mundo real", no vivir grandes experiencias sentado en mi habitación... Así que buscaba directamente una cita, o unos mails y una cita. Y, contra mi propio pronóstico, no fue mal. Seis en dos meses es buen ratio: es más de lo que he logrado nunca siendo simpático con una chica en un bar de copas.
Caso 1: Treintañera, que no estaba buena pero no le diría yo que no. Quedamos en una tetería/clon francés del Starbucks en la calle Alcala... Maja, pero insulsa. Estuve una hora hablando, dado que ella no parecía conocer mi idioma. Al final le sonsaqué cuatro cosas: trabaja en telefónica móviles (en ventas internacionales, creo) y se está comprando un piso en Montecarmelo y su exnovio se llama Joaquín y se parece a Hugh Grant... vamos, que me pareció tan interesante como los calcetines rebajados de Carrefour (tres pares, de colores diferentes, 1,50€). Se lo expliqué -no con estas palabras- y tan amigos (o, más bien, si te he visto ni me acuerdo). Más sosa que el tofu, y eso que en el perfil ella quería probar esta cosa en el mismísimo Japón (¿no es chino?), y le encantaban los libros de Martin Amis y el jazz...
Caso 2: Una tia majísima y divertidísima con la que me crucé siete mails antes de verla. Muy maja, majísima (insisto). Y muy gorda, gordísima. Pero mucho. Yo no había visto su foto -pa que; si una dice que se siente guapa y es camarera de un bar de copas no será tan grave la cosa- y me quedé impresionado/congelado. Yo no soy un Adonis -pero nada comparable-, así que estuvimos un buen rato hablando del rechazo que sufren (¿sufrimos?) los gordos, con humor y un poco de negrura en el corazón. Y luego de pelis de los Cohen, de ahí a Cormac McCarthy, de ahí a vivir en un estado del sur de los USA y de ahí a los juegos de mesa. Una tía de puta madre, sí, pero -y jamas pense que diría algo como esto- físicamente, ejem, me repugnaba... Y así, siento decirlo (lo siente sobre todo mi parte bienpensante o politicamente correcta, según se mire) no hay manera. Pero, insisto, es una tía de puta madre (¿quieren su teléfono?; también necesita amigas...). Además, en una maniobra patéticamente enternecedora y amarga, se ofrecio a chuparmela.... por si hay algún lector masculino, al que DE VERDAD no le importe el aspecto fisico o, en el peor de las casos, no tenga alma).
Caso 3: A esta no me la quería ligar, queria que me prestase ayuda en una serie de experimentos (que otro día explicaré, porque no viene al caso). Me fui a verla hasta Aranjuez, me tome un café con ella y la escuché. Parecía maja y rara, dando mucha chapa con que le gustaba la fotografía. Haciendose la interesante pese a ser secretaria dedicada exclusivamente a tareas domésticas, pese a vivir con sus padres y pese mentar a su reciente ex (bajo el apodo de "el cabronazo") una vez cada dos minutos. Quedamos en que me echaría una e-mano en mis e-experimentos y yo ya me iba cuando me dice que si quiero ver sus fotos. No muy convencido, quise verlas. Y no va la loca y en su portal se tira a hacerme una mamada (debe venir bajo el epígrafe "solución" en el manual para mujeres desesperadas). Podría haberme resistido, claro. Pero ¿para qué?. Así que me dejé mamar primero y arrastrar a su casa despues, a echar un polvo surrealista rodeado de retratos de sus abuelos y (de cientos) de figuritas de las que ejercen de premio en los roscones. Un polvo, entenderán, más "ya que estamos aquí" que "menuda suerte he tenido". Y aún nos quedaba lo mejor: pues no va, según acabamos, y me dice a) que me tengo que ir casi con el calzón bajado, que sus padres están al caer y b) que está enamorada de mí. Lo mejor es que me libré de ver las fotos. Lo peor es que me quedé sin ayuda para los experimentos.
¿Qué hemos aprendido? Pues, creo, los límites a lo que se puede esperar y, también, a como buscarlo (o no buscarlo).
Supongamos que las páginas de ligar (o pagando o sin pagar) contienen algo más que gente buscando sexo facil o cariño deseperadamente. ¿Cómo anunciarse?, ¿cómo buscar?
1- La pinta importa, así que empezamos con los descartes "estéticos", que hasta hace bien poco me parecían terriblemente injustos (sobre todo conmigo) y a los que ahora tengo un poco más de respeto. Si están anunciandose, les comentaré una cosa: No se tengan miedo, son más guapas de lo que se creen. Si son ustedes de sexo masculino, tampoco se tengan miedo: a lo largo de los siglos nuestra pinta no ha sido lo importante.... y esto aún guarda algo de verdad. En general parece que, quizá por el grado habitual de deseperación y soledad, con cumplir minimamente (es decir, que sea fisicamente posible mantener contigo una relación sexual mirandote a la cara) suele bastar para que te hagan un poco de caso. A mi me lo han hecho.
2- La idiotez de la "compatibilidad". Parece ser que a las personas les gustan Los Planetas, jugar al tenis y la comida kurda les apetece más emparejarse con los que tienen las mismas insólitas pasiones. ¿Creen que no? ¿Entonces por qué todos tendemos a actuar como si fuera así? No centren su búsqueda en gente "aparentemente interesante". Normalmente uno emite largas listas de intenciones/deseos/gustos/lugares comunes que no dicen nada de uno mismo. ¿Me llevaré mejor con un lector de Josep Pla que con un fan de Terry Pratchet? ¿Me gustan más las mujeres que escuchan a Bunbury que las que prefieren a Macaco? Pues, la verdad, en mi vida veo, día tras día, que no. Lo que nos gusta no es lo que nos define a ninguno.
3- Eviten a los locos. Bueno, eso es dificil de conseguir, sobre todo si damos por buena la premisa que enuncié al principio de este post: los que venimos por aquí estamos todos tarados. ¿Qué hacer entonces? Pues arriesgarse, no va a haber más. Y esperar que con quien nos topemos no se traiga ningún trastorno irremediable de la personalidad escondido en el bolsillo.
En definitiva, ¿cómo buscar?. Pues yo les diría que con olfato. O, mejor, que no pierdan mucha vida buscando y, más bien, tiendan a conocerse lo antes posible. El número de violadores y asesinos de la red no es mucho mayor que en la calle. Y somos pocos.
6/2/08
Juan, ¡Sigueme!...
Me pone, se quita, me dice "cosita". Y, a veces, ¡se excita!.
Hola a todas:
¿Saben sobre qué va a tratar este post? ¿No?
Es que incluir la palabra puta en el título me parecía, digamos, injusto. No tengo interés en multiplicar el número de visitas a este blog por esa razón espuria.
¿No saben por qué digo esto? Es que la cantinela sigue con "...vamonos de putas".
Bien, de entrada, que sepan todas que no soy un putero. De momento.
Lo digo porque se que no ayuda a caer bien, dificulta la tarea de ligar. Es como explicar que a uno le gusta la taxidermia o comer zarajos: quita puntos. De hecho, bien pensado, el mero hecho de ir a hablar de esto ya me va a quitar puntos. Pero bueno, ligar no lo es todo (siempre nos quedan los zarajos).
A lo que iba: Que no lo soy. De momento.
Porque, ¿a quien no se le ha pasado por la cabeza solucionar así un largo periodo de sequía como el que nos ocupa? (por favor, levanten las manos caballeros, que me están haciendo quedar fatal). Bueno, pues fíense de mí: se nos ha ocurrido a casi todos (los hombres, o al menos a los hombres que viven sequías). La vida es muy dura, y aunque es cierto que el hambre afila mucho el ingenio, es mucho más verdad que el hambre no es nada escrupuloso. Así que aquí va el primer motivo para hacer uso de las putas: LA NECESIDAD.
Además de esto, de esta "salida de emergencia", se me ocurre un segundo motivo (no se quiten, por favor, de la cabeza lo que no soy) para pagar por sexo: ¿Tengo yo, con mi triste figura y mi timidez general, alguna oportunidad de montármelo con dos tías a la vez? ¿Con tres? ¿De follarme a una de esas bestias sexuales que quitan el hipo? Quiero decir, ¿tendremos alguno de nosotros esta oportunidad?
Me temo que no, que casi ninguno. Es verdad que hay gente que lo ha hecho sin tener que pagar. Pero también hay gente que ha pisado la luna o que ha conseguido acabarse el Ulises de Joyce... Posible y probable son los conceptos a barajar en este debate.
¿Qué no es razón? Quizá. Está claro que las fantasías no tienen porque convertirse en realidades, pero la tentación de hacerlo está ahí, palpitando(nos). Y, ¿saben ustedes cual es la fantasía sexual más común entre los varones?
¿Que a ustedes también les gustaría? Pues, sinceramente, si el trío es con otra tía, simplemente coméntenselo a su novio. Y si es con dos tíos, váyanse (sin su novio) a cualquier bar de copas y busquen dos amigos solitarios y bien avenidos. Si es con dos tías, no se que decir (¿que me avisen?).
Tras estas tres lineas que me han servido para sentirme un tío muy ingenioso, lo que venía a decir es lo siguiente: dado que a una mujer media, a priori, le es más sencillo lograr acostarse con alguien que al hombre medio, también parece probable que, a priori, les resulte más fácil disfrutar del sexo en grupo, una lluvia dorada o lo que sea que se les ocurra. ¡Aprovechen!
Sin desviarme más del tema, la razón, mi segunda razón, es, como ven, LA DIVERSIÓN. Como lo puede ser dar tiros a perdices, salir de compras o una botella de tequila reposado. Tengan en cuenta que no hablo de una mamada de esas de 10€ que se venden rebajadas en la casa de campo. Hablo de un polvo que, en algún sentido, pudiera estar siendo agradable a la chica, parecer "una relación normal", pasar por “sexo esporádico conseguido gratuitamente y practicado por puro placer”. Bueno, para la chica y, quizá más, para el usuario.
¿Es la diversión justificación suficiente? No lo se, aquí está mi duda. Pero, ¿lo es para que mueran unas perdices?, ¿para multiplicar por tres el número de muertos en carretera los fines de semana?, ¿justifica que trabajen los niños chinos? Quiero decir, ¿evaluamos alguna vez los costes de nuestra diversión? Para mi que no.
Ya se que no justifica nada. Se perfectamente que el que la humanidad joda el mundo y a los demás para divertirse (y, además, le importe un bledo) no convierte el hacerlo en algo aceptable. Pero, ya se sabe, a veces extender la mierda consuela.
Total, que LA DIVERSIÓN me puede llegar a parecer un motivo.
Y aún así, aquí me ven, pensándomelo. Cuando tantos otros ya han hecho el camino, aquí estamos, buscando el calzado apropiado. ¿Han leído, recientemente, que la edad del putero medio español se acerca a la frontera de los 30? ¿No es fascinante cuando uno descubre que una idea que uno consideraba muy personal la ha tenido mucha gente?
Lo terrible es que lo practican para ahorrar tiempo, molestias e incluso dinero. Quiero decir, hay una tercera razón: LA COMODIDAD. Y esto me cuesta más compartirlo, no me parece suficiente razón (mientras que la necesidad y la diversión sí). Es sólo puro consumismo: quiero esto y lo quiero ¡ya!.
Además, ¿ahorrar tiempo de qué? ¡¡Con lo divertido que es ligar!!
Aún no les he contado donde recaba sus apoyos el NO. Pues un poco lo que a cualquiera. La sordidez, el miedo a estar financiando el sufrimiento a una mujer (ya sea un sufrimiento más o menos obvio y más o menos conocido y aceptado por ella), lo doloroso de ver a alguien degradándose por dinero (porque para mí es degradante), la vergüenza de pensar en la mujer como objeto de consumo... Y, sobre todo, el miedo a atravesar una frontera. La línea roja que sabes que, si te atreves a pasar, nunca te va a dar volver a dar miedo hacerlo. Como la de cagar en un bar de copas. O robar en El Corte Ingles. O la de darle una bofetada a tus sobrinos.
Lo peor es, además, que si quiero que sea realmente divertido quizá no debería esperar a ser un cuarentañero desesperado y avejentado, sino que hoy, y no mañana, le sacaré más partido al encuentro. Hay prisa, hay prisa.... Y ya saben lo que opino yo de las prisas
En fin, que aquí seguimos, pensandonoslo. Esperando a que nos alcance la cuarentena y que la frontera sea la que pase sobre nosotros. Sabiendo que, a lo mejor, esperar a que sea la necesidad y no la diversión es lo sensato. Aunque también lo feo.
26/1/08
La noche de Burns.
Malos tiempos para la lírica.
Hola a todas:
¿Saben quién fue Robert Burns?
¿No?. Sí hombre, sí. Le recordarán de películas como "El club de los poetas muertos" o "Jóvenes prodigiosos", donde una serie de formales pijos anglosajones, en virtud de los poemas y las vidas ejemplares de señores muertos doscientos años antes, deciden rebelarse, convirtiéndose en rebeldes pijos anglosajones. Les tiene que sonar. De lo mismo que nos suenan a todos John Keats, John Milton o John Stuart Mill (¿o este era de otra cosa?).
La verdad es que no he leído nada de él, ni se como vivió o murió. Pero debió ser un auténtico crack. ¿Por qué? Pues no va el tío y escribe una "Oda al haggis". El haggis es lo que hacen los escoceses con lo que nosotros hacemos zarajos o botillo. Cogen todo lo de dentro de un cordero, lo que no es músculo, lo pican, le añaden especias y... listo. Al horno y luego al buche. Con puré de patatas o de nabo.
Total, que ayer era la noche de Burns. Ni idea de por qué, pero se celebra comiendo hagguis y recitando el famoso poema y luego cociéndose con malta, como buenos escoceses, y saliendo a gritarle al viento.
Nuestro plan era ese. El Dr Z, un japones y yo, extranjeros poéticos, pensamos seguir paso a paso la receta. Nos planteamos incluso escribir un poema al hagguis en correctos castellano y japonés, una estrofa en cada lenguaje, y recitárselo a cualquiera o a nadie. Según se terciase la noche.
Sin embargo, por cosas de vivir en sociedad, acabamos en una "Cena de Burns" más bien formal, invitados por gente de cuarenta años de profesión "doy clase en la universidad". Tenía todo cierto aire a las cenas de Woody Allen de cuando "Maridos y mujeres" o a la de "Los amigos de Peter". Gente educada y formal y brillante, todos académicos, todos algo encorsetados, todos algo deseosos de salirse del guión (pero sin saber muy bien donde queda la puerta). Todos con cierto aire "se nos escapa la vida, con lo grandes que ibamos a ser y aquí estamos, alrededor del haggis".
Cenamos bien, leímos la poesía malamente y nos dedicamos a beber productos caros y a charlar. ¿De que? ¿De poesía? ¿De política exterior? Pues algo. Pero, sobre todo, de lo de siempre.
Hablar de sexo a los cuarenta resulta un poco más desesperado y, al mismo tiempo, más corriente, sin ninguna incomodidad ni conotación transgresora, que a los 30. Pero es lo mismo: ¿Cuales son tus fantasía?, ¿dos hombre y una mujer?, ¿cuantos novios has tenido?, ¿que les gusta a los hombres?, ¿y a los hombres homosexuales?...
No es sorprendente, claro. Todos, aquí y en la China Popular, somos de una misma especie. Y aquí y en la China Popular nos interesa lo mismo, más o menos. A los 17 y a los 63, con dos masters en economía o la FP de ebanista. Crecer y multiplicarse, una homogeneidad que, en el fondo, es tranquilizadora.
Y la noche poética se quedó en una charla sobre sexo, otras cosas, flirteos y más sexo.
¿No es eso la lírica?.
Que se lo pregunten a Robert Burns.
15/1/08
Deseando comenzar mi condena.
Me voy, me voy, me voy de casa.
Hola a todas:
Pues eso, como decían los Tequila, que me voy de casa. De MI casa. De la casa donde he vivido mis últimos trece años. No de la casa de mi madre. Ni tampoco de mi piso en Ventas. Sino de este lugar, mi "puesto de trabajo", mi "lugar de estudio", mi "sitio donde desayunar bien y barato".
¿En qué sitio he pasado más horas de mi vida? En este. Si hubiera un contador, aquí batí mi record (excluyendo las 8700 noches dormidas en casa de mis padres). He venido sábados, domingos, nocheviejas, días del trabajador.... a las 5:37, a las 10:40 (esto es lo común), a las 0:22.... He salido de aquí de madrugada, helando, lloviendo, con nieve, con niebla, con 45ºC, con jet lag, con hambre, con dolor de muelas, deprimido, drogado.... He conocido a las mujeres de mi vida, a mis mejores amigos, a la gente que no me soporta y a mi profesor de botánica.
Vamos, que aquí he vivido, haciendo todo lo que es lícito/lógico hacer en una universidad, y también lo que no.
Y me voy.
Porque así han de ser las cosas. Porque no le queda a uno mas remedio. Porque a este uno le apetece y lo necesita, cambiar de aires, perder de vista a algunas personas para volver a quererlas (un poco), mejorar su cv saliendo fuera...
Es tan necesario, tan obviamente necesario…. Y a mí me apetece tan poco….
Cambio lo común y lo cómodo por lo desconocido y, probablemente, inhóspito. Las caras habituales por los problemas con el idioma. Los largos cafés estilo "funcionario español" por comer un wrap delante del ordenador. Los amigos por ser “el español”. ¿Por qué? Pues porque lo que espero/necesito de verdad que cambie es el rutinario no hacer ni el huevo por el trabajo a destajo. El desinterés por la curiosidad. La inercia por el sufrimiento con resultados.
Por eso, aunque se que va a ser una mierda y que voy a estar como el culo, echando todo y a todos de menos y arrepintiéndome de haber salido de casa, estoy deseando irme.
Como se intuye, simplificando, es el "típico" debate entre lo "personal" y lo "laboral", tan de "mujer de hoy". Y ahora, parece, quiero optar por lo segundo.
Cuando yo era pequeño, de mayor quería ser sabio. Siendo un poco menos pequeño, veterinario. Empezando el instituto, científico/biólogo. Y, aunque acabando el bachiller estuve a punto de pasarme a la filosofía, al final me quedé en el magro negocio de la ciencia.
Creí que ser sabio/veterinario/científico era lo que me podía hacer feliz.
En paralelo crecí/envejecí y descubrí lo divertido que es, por orden de aparición, a) tocarme los cojones con los amigos b) follar y c) tener una estabilidad emocional.
¿Cuánto tiempo es sensato invertir en cada cosa? ¿Cuánto de cada hay que poner en el mix para alcanzar ese estatus ficticio que podemos llamar "ser feliz"?
Estos últimos (¿10?) años he puesto mucho en lo vital y poco en lo profesional. Y he sido, efectivamente, feliz. Hoy me pregunto, ¿podré ser feliz intentando alcanzar la ilusión de mi infancia, poniendo toda la carne en el asador de mi vida científica?
Por si no lo saben, las brillantes carreras científicas, como todas las brillantes carreras profesionales excepto la de actriz porno, exigen muchos sacrificios, en forma de horas, en el altar del éxito. Haces la ofrenda y luego el dios éxito te es favorable. O no. Pero el gasto hay que hacerlo igual. Por eso la gracia está en que hacer el sacrificio te apetezca (porque hacerlo esperando que el éxito te sea propicio es tan eficaz como ponerle velas a San Pancracio).
¿Me va a hacer feliz currar mil horas en ciencia y, dejar, por tanto, abandonada mi vida más “orgánica”? Ni puta idea, pero estoy dispuesto a intentarlo. Por respeto a mis versiones del pasado, que se dejaron cosas sin hacer para que yo llegase hasta aquí. Por eso y porque (ya me decían en el bachiller que) soy un romántico.
¿Y una de cal y una de arena? Pues, para que salga algo "decente" está visto que no es suficiente. Así que lo vamos a intentar poniendo todas las fichas al rojo. ¿O es el negro?
¿No es curioso que comenzara el post despidiéndome de mi lugar de trabajo y, al final, de lo que me despido es justo de todo menos del trabajo?
¿No empieza a ser mi blog un poco más triste de lo necesario?
2/1/08
Esclavo de las palabras.
Ni sí, ni no, sino todo lo contrario.
Hola a todas:
En los últimos tiempo soy un hombre afortunado y me relaciono con gente unos pocos años (siete) más joven que yo. De otra generación. De los que no saben quién era el naranjito ni que Marta Sanchez cantaba en un grupo antes de lo que sea que haga ahora.
Eso tiene ventajas, evidentes para alguien que no quiere vivir como un treintañero, ni siquiera como un treintañero crápula. Voy con gente "pequeña" a hacer lo que le gusta a la gente "pequeña", que es lo mismo que me gustaba a mi hacer cuando tenía su edad. La pega es que soy el más viejo del bar, siempre (o los demás lo disimulan mejor).
Pero también tiene sus inconvenientes. Por ejemplo el tema que me ocupa hoy, una diferencia generacional que me perturba. Me perturba, sobre todo porque no se si es generacional o, simplemente, personal. Y es que puede que el idioma que yo empleo en mi entorno haya quedado obsoleto, extinguido con los 90. Expongo los casos.
- Sábado por la tarde. "Oye, este jueves me gustaría ir al bar ese de pop español que me airea tanto", "Claro, a mi también me apetece", "Claro", "Claro". Tres nítidos y claros sies. "¿Le pregunto a estos?", "Vale". Jueves a las 22:45, acompañado de N y M, ambos varones. Y suena la música de Robin Hood en mi móvil: "Oye, que estamos muy
cansadas y hace frío, que otro día". Quizá no entendieran que si estábamos allí era porque ellas habían dicho que también iban a estar allí. Que N y M prefieren tomarse las copas más cerca de casa y con menos ruido.
- Episodio dos. "¿Vamos al cine este domingo?", "A lo mejor", "Quiero ver "Promesas del Este", y no creo que le queden muchas semanas", "A mi esa me parece bien", "Vale, te llamo por la mañana y así veo cuando salgo de casa de mi madre". Domingo, antes de comer: "¿Quedamos?", "Vale", "¿A la sesión de las siete?", "Vale" (poca locuacidad, sí). A las seis y mucho, después de aparcado el coche en el centro en plenas pre-navidades, con la tripa bien llenita y habiendo dejado un café a medias, llama Robin Hood. Total, que no he visto "Promesas del Este".
- "¿Tienes plan en Nochevieja?", "Pues haré como todos últimamente, quedarme en casa de mi madre, que desde que murió mi padre lo pasa mal en estas fechas", "¿Te apetece hacer algo tranqui después?", "Hombre, pues normalmente jugamos unas partidas con mis hermanos, pero no me importaría quedar en mi casa a última hora a echar otras partiditas, si a ti te va bien", "Por mí perfecto" "Entonces a las cuatro te espero allí". A las cuatro, tras la cena de Nochevieja, las uvas, la cuñada, una primera partida y una segunda interrumpida porque se me hacia tarde, allí estaba yo, en mi casa. Esta vez no fue Robin Hood, sino Chimo Bayo. Pero el caso es que, tras dos copas "por sorpresa" con dos amigos, mi teórico invitado no podía conducir, no podía.... Y allí me quede yo, esperando que la calefacción calentase mi salón y viendo Scareface.
Y de estás, tantas que ni me acuerdo.
Y yo creyendo que cosas como "Sí", "No", "A lo mejor podemos quedar", "No creo" y "Si me viene bien" significaban lo mismo en el castellano de los de veinte que de los de treinta. Aunque se escriba "A lo mjor pdems kdar". Pero parece que las palabras son las mismas pero no quieren decir lo mismo.
¿Por qué?. Pues creo que porque ellos nunca han esperado cuarentaicinco minutos en una estación de metro, sabiendo o no sabiendo donde estaba tu cita, si se habría olvidado, si es que repentinamente te odiaba a muerte o si le habría arrollado un tren. Porque nunca han quedado en el descampado para "jugar al fútbol" y verse arrastrados a un (aburrido) dos contra dos por la incomprensible (y ¿preocupante?) incomparecencia del otro equipo. Porque no han comprado entradas para el cine y se las han tenido que dejar a la taquillera temiendo ir a perder quinientas pelas.
Creo que esas cosas hacían que uno aprendiese a hacer lo que decía que iba a hacer, sabiendo que no comportarse así podía implicar largas y tediosas esperas en tus amigos y densos cabreos. Aprendías que a nadie le gusta invertir tiempo y esfuerzo en algo que finalmente no cuaja en ninguna clase de diversión.
Vamos, que no saben que algunas personas, cuando quedan en que van a hacer algo, puede que modifiquen sus actos para encajar estos planes. Sobre todo las personas que no están acostumbradas a poder localizar inmediatamente a quien deseen. No conciben que el no cumplir tu palabra signifique fastidio para nadie. Total, le avisas por el móvil y ya esta...
Y ahí reside la diferencia. No hay "plantón" en el momento en que uno puede avisar inmediatamente de su imposibilidad (o incluso inapetencia) de hacer algo. Nunca nadie se queda sólo, esperando, preocupado y cabreado a la vez... Como eso ya no pasa, ya no es tan importante hacer planes en firme, no hay que dejar de hacer cosas en tu vida como sacrificio a esos planes que has hecho. Y no comprenden que hubo un tiempo en que no había otra manera de quedar.
Que no digo yo que sea mala idea aprovechar la inmediatez en la comunicación: se propone hacer algo y si en el último momento a los dos nos va bien, lo hacemos. Sin cambiar el resto de planes, sin pensar en modificar el curso de nuestros días. Simplemente sugerir y, si luego encaja para ambos, pues perfecto.... Insisto, no es mala idea. Lo malo es cuando un jugador esta en una concepción de las cosas (quedar significa esforzarme en hacer eso que he dicho que pensábamos hacer) y el otro en la otra (quedar significa que ahora nos parece que en el futuro nos va a apetecer hacer algo y, si cuando llega ese futuro sigue siendo así, lo hacemos).
¿Y a qué he llegado? Pues, simplemente, a aprender las nuevas acepciones de palabras ya conocidas. A eso y a entender que para bailar música de los ochenta hay que fichar siempre a algún otro viejo, que además de llevar las canciones aprendidas de casa, garantiza compañía. Total, él va a querer venir solamente con sugerir que podrían acompañarnos veinteañeras....
31/12/07
El post de Diciembre.
Y en el año que viene, a ver si en vez de un millón, pueden ser dos.
Hola a todas:
Bueno, de entrada, perdón por el parón pre-navideño. No ha habido ningún acontecimiento especial que justifique este lapsus de varias semanas sin alumbrar nada. Simplemente que no tenía nada que decir, o que mi vida se ha vuelto algo mas interesante (intensa, más bien), o que me daba pereza, o todo. O nada. El caso es que estoy de vuelta. Sobre todo porque me dolía pensar en un (0) detrás de Diciembre.
¿Que hacer hoy, día laborable sólo para los agentes de la zona azul? Pues, sospecho, hacer lo que las televisiones y los reyes magos: repasar el año perdido y ver que se puede hacer para el que viene.
Y a mi sólo me viene a la cabeza una cosa: Once. Once cochinos polvos he echado en el 2007. Once. Unos números terribles, a decir verdad. ¡Qué no sale ni a uno al mes!.
¿Es esto tan extraño?. Bueno, pues si hacemos caso a las estadísticas, es extraordinariamente escaso. Y eso me da rabia. Porque yo, hasta el presente, me las apañaba bastante bien para mantenerme en la media o por encima de ella (sí, es de persona enferma contrastarse con las medias nacionales.... que le voy a hacer).
Por ejemplo, perdí la virginidad a los 19, cuando la media de edad para perder la virginidad en España para varones en aquel año eran, también, 19 años (18,7, creo). Otro buen ejemplo: cuando los informes Durex eran presenciales y no realizados por internet, la media de polvos por español y año andaban en el polvo semanal. Si el español tenía entre 18 y 30, lo lograbamos alguna vez más de 90. En aquella época maravillosa yo marcaba hits de tres cifras. Luego los muestreos electrónicos dejaron mis cifras en valores patéticamente mediocres (¿Pero alguien se puede creer que el número de polvos por español y año aumentase en treinta en un par de años?).
Ahora bien, ¿se ajusta mi mundo a estas medias?. Exploremos.
En teoría algo menos del 10% de la población (mayor de edad) es virgen. ¿Cuantos me vienen a la cabeza?... pues unos cuatro (¿Conozco sólo cuarenta personas?). Otro ejemplo, la población homosexual masculina ronda el 1,2% (un 3% aproximadamente si contamos a quien haya tenido alguna experiencia homosexual). ¿Con cuantos chicos homosexuales me relaciono? Pues con ocho (¿Ahora, de pronto, son ochocientos mis conocidos?). ¿Y chicas homosexuales?... pues una o ninguna (ellas son, dice una encuesta del CIS del 2003, el 0,2%).
Mucho más gracioso es cuando atiendo al número de parejas sexuales en una vida (tocamos a seis en España, aunque los menores de 30 están ya en ocho y pico) o el número de hombres (de mi edad y nivel de estudios) que perdieron la virginidad antes de los 16 (¿¿¿Casi un 20%!!!). Yo solo conozco a dos...
Y, aunque nada encaje demasiado bien con mi realidad, como buen amante de la estadística, me las creo.
¿Y si no miro las estadísticas? ¿Que dice de mis once polvos mi entorno inmediato?. Pues entre los "sin novio/a" y 30 años tenemos o gente con cifras alrededor de la mía (uno o dos al mes) o, que cabrones, una decena de seres excepcionales que salen a dos o tres a la semana (y con tías distintas... pero esto ya es otro asunto). Vamos, que la media del soltero treintañero debe estar, con suerte, en los 30 al año. ¿Y entre los "casados"? Pues uno y pico a la semana (en la media de las encuestas).
¿Qué se colige de todo esto?. Pues que lo normal es "estar casado" a los 30 en este santo país. Creo.
Y también que si Durex quiere saber cómo y cuánto se folla para vender más condones debería volver a las encuestas a pie de urna.
O, en el ámbito de mi vida, que debería escribir más a menudo en este blog.
30/11/07
La boda de mi mejor amiga.
Y si por suerte fue una broma mala, hoy tendría que volver.
Hola a todas:
¿Qué tal se llevan con sus ex-parejas?
Yo, estupendamente (¿no suma esto algún punto en mi búsqueda desconsolada de mujeres?).
Tan estupendamente que puedo afirmar que mi primera ex, mi EX con mayúsculas, la que duele de verdad, es mi mejor amiga (y casi mi mejor amigo; sepan que esta distinción a/o tiene connotaciones, para todos excepto para los políticamente correctísimos, muy diferentes).
Un ejemplo, clarificador de la situación: hasta hace poco quedábamos a desayunar todos los sábados y domingos, los lluviosos y los insomnes también, ella, mi madre y yo (sorprende lo de mi madre, lo se.... pero tanto que mi ex y mi madre quedan solas prescindiendo de mi.... aunque esto es otra historia). Otro ejemplo: cuando ella rompe una relación, le putean las amigas o se le cae una estantería, yo me zampo una horita de llamada de móvil (con esto no quiero decir que no haga yo lo mismo.... bueno, lo mismo mismo no, pero también le cargo a ella parte de mis mierdas diarias, cuando se deja). Otros ejemplos: ella es siempre la primera en felicitarme el cumpleaños; En ella es en quien más dinero me gasto en reyes (exceptuando mi familia, claro, y la "novia" que toque esa temporada).
Una aclaración, por si hay dudas. Hace siete años que rompimos. Siete. Años en que ambos hemos vivido densas vidas, cambios de pareja, de trabajo e incluso de amigos, acercamientos y lejanías, dolores, dolores profundos.... Vamos, que no diría yo que haya residuos o añoranzas de aquella relación, que fue superada y que, por mucho que le guste a mi madre o a mi jefa, no ha de volver (ni falta que nos hace a ninguno).
Total, que somos amigos y sólo amigos: con nadie discuto con la rabia y amargura con la que discuto con ella, que nadie me dice las cosas tan a las claras como ella a mi, que con nadie llora como conmigo... Estos ejemplos por aquello de que los amigos de verdad son los de las duras, no los de las maduras.
Y ahora va lo de "Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va"
-PASO 1: TENGO NOVIO. No "Me estoy follando, te acuerdas, al chaval aquel que te presente el día que viniste a vernos jugar". Sino, más bien, "me presentaron a un chico el otro día más majo... te caería muy bien" seguido de "te acuerdas el chico del otro día, H, pues quede con el ayer". Esto ya sonó grave, porque H ya tenía un nombre. Y, normalmente, no me da nombres porque sabe que a mi no me sirven. Así que, tal como nos temíamos, llegó el "H viene este sábado, así que no voy a poder quedar contigo para desayunar". Para desayunar o para lo que sea. El problema es ese "no" tan cerca de "contigo". No es que me joda compartir su tiempo (ya lo compartía con sus gatas y sus entrenamientos de rugby, sus novios ocasionales y sus pipetas), sino el que sea una persona única, concreta, la que le haga trastocar hábitos centenarios. ¡Con lo de respetar tradiciones que soy yo!
-PASO 2: CONOCIENDO AL NOVIO. Como somos gente civilizada, de los de Perales (¿Y cómo es el?) y no de los de Loquillo (Quiero verla bailar entre los muertos) y, sobre todo, porque nada a nadie debiera hacerles pensar que no debiera conocerle, pues fui e ello.
Me encontré con un tipo de puta madre, la verdad... Con un montón de virtudes que un padre apreciaría en los novios de su hija: cariñoso, tranquilo, aparentemente sensato, aparentemente leal... Vamos, que sólo podía decirle a ella que me parecía un tío cojonudo, una ganga, la elección de su vida. Porque me lo parece. Aunque en realidad estaba deseando preguntarle "No, si tu eres muy majo, pero ¿te importa que la siga monopolizando un par de mañanas o tardes a la semana?". Bueno, seguro que a él no le importaría (porque de verdad es un tío muy majo). Es a ella a la que le tendría que preguntar "No, si vas a estar estupendamente con él y no me extraña que le quieras muchísimo, pero ¿te importaría seguir prestándome la atención que me prestabas hasta ahora aunque cada célula de tu organismo te suplique que te vayas con él?".
Así que conocí al novio y no tuve más remedio que darle mi absoluta aprobación. No sin notar, por cierto, que físicamente H se parece a mi yo del pasado. Esto es, un chico ancho pero no gordo (aquí difieren su presente y el mío), moreno, con barba, con gafas, con mirada soñadora (esto es sólo una licencia poética).... ¿No tiene gracia? (esto es digno psicoanálisis, lo se).
-PASO 3: ESTAMOS PENSANDO (¿Y este plural?) EN IRNOS A VIVIR JUNTOS:
¡¡¿Que necesidad tenía yo de saber esto?!!
Tras un periodo difícilmente estimable para mí, pero innegablemente exiguo (¿cuatro meses?), va y me cuenta que van a convivir. Sí, lo se, las relaciones a los treinta por fuerza tienen que ir más ligeritas (se nos acaba el tiempo, a todos). Yo, la verdad, es que había digerido bastante bien la reducción de horas de visita (de hecho mi factura de móvil lo ha digerido estupendamente). Y, sin embargo, lo de vivir juntos lo llevé un poquitito peor.
¿Será que me jode que jamás diera ese paso conmigo? Será. Aunque lo mitiga el salto generacional que hemos dado, que no es lo mismo irse a vivir juntos con 23 que con 32. ¿Será, entonces, que quizá vaya a verla todavía menos o, lo que es peor, la tenga que ver siempre "emparejada"?. Pues no parece. Porque ambos están de acuerdo en dejarse bastante aire, porque los dos saben que ese "espacio" que se dejan muy pocas parejas es lo que permite a las relaciones respirar, vivir y durar. Vamos, que no creo que la vea menos a ella y que, si no quiero, tenga que verle a él más de una vez cada mes o dos. ¿Pues entonces, por qué es? Pues no lo se, es algo visceral, sin lógica ninguna. Es una añoranza de lo que nunca ocurrió y que esto lo aleja más de ocurrir, la perdida de un futuro que llevaba condenado mil años, el dolor del macho alfa cuando deja de ser alfa... Todo esto y todo lo demás...
En fin, como buen Perales entiendo que es lo justo, lo lógico, lo que le va a hacer feliz, lo que le va a dar lo que ella necesita. Cosas que, además, ni yo puedo ya darle, ni quiero, ni creo que ella las quiera de mi. No hay envidia ni rencor... Sólo nostalgia.
¿No soy adorable, tan desnudo, tan expuesto, tan falto de cariño....?.
O quizá sólo soy un repugnante vestigio amariconado del macho ibérico, ni conmigo ni sin mí....
Y a mi que cojones me importa.
El caso es que, si ella llega a leer esto en algún momento, no lo quiera el dios de internet, quiero que sepa que estoy muy contento de que haya encontrado su camino. Aunque duela.
¿Nos quedamos con lo de adorable?
28/11/07
Fue en mi cumpleaños.
Piensate bien que vas a hacer, una buena juerga o desaparecer.
Hola a todas:
Ayer comencé mi trigésimosegundo año de vida. Esto es, mi madre me dio a luz hace exactamente 31 años, un día y unas horitas.
¿Qué tal fue mi cumpleaños? Pues, como siempre, un poco gris. Porque noto más a los que no están que a los que están. Es como las Navidades. O cada noche en mi cama.
Primero pesan, los que casi seguro que no volverán, salvo que medie algún acólito de Iker Jimenez. De esos que recuerdas cenando o riendo o soplando las velas contigo. Esto lo considero normal.
Segundo, los que aún te podrías encontrar algún día en el Rastro o en una cola del paro, pero de los que no tienes teléfono ni domicilio conocido. La posibilidad de encontrarlos existe, pero la probabilidad es del estilo de los del TIPO 1. A estos los recuerdas en semejantes circunstancias (soplando y riendo y cenando), pero duelen menos. Porque, normalmente, es gente que apreciaste pero a los que no querías tanto como a los de la primera categoría. Porque si los quisieras muchísimo, no los habría perdido de vista.
Tercer modelo. A estos los echo de menos, pero considero ya que es una patología. Son los amigos a los que quieres mucho y han tenido a bien emigrar, ya sea a un país extranjero o a casa con su mujer. En cualquier caso no están. Claro que te llaman y te cuentan. Pero no vienen antes a cortar queso para la fiesta, ni se quedan a la enésima audición, borrachos de vino, del disco Rojo de Los Secretos, ni te regalan una camiseta de Mazinger Z y un litro de helado. A estos los voy a ver mañana o en seis meses, pero los voy a ver seguro (porque tengo películas suyas, o libros, o su bicicleta o el amor incondicional de su novia). Aún así los echo de menos y sufro muchísimo.
Cuarto modelo. A las ex-novias. Bueno, a las ex-novias recientes. Bueno, a la última. Esto exige comentario. Te llaman (porque todas te llaman). Porque se acuerdan (al contrario que yo) de la fecha. O eso o (al contrario que yo) saben apuntarlo en el móvil. Y todas duelen un poquito, una gotita. Incluso aquellas que nunca llegaron a ser novias, pero que claramente debieron (de hecho estas duelen un poco más). Pero la última no es ya que duela, es que es el signo inequívoco de que el año pasado era claramente distinto a este, marca el paso del tiempo: un año más viejo, un año más solo.
Total, que mi cumpleaños siempre escuece. Lo mitigo con fiestas, muchas, muy repetidas. Quizá es una misma fiesta que cambia de invitados y de día, una celebración alrededor de evitar sentir que el tiempo se nos va. Y que, al irse, se ha llevado a bastante gente pero, sobre todo, a bastantes maneras de vivir con esa gente.
Podría decir que es un defecto adquirido con la edad, pero la verdad es que desde pequeño he tenido esta sensación de "echar de menos". De que cada momento maravilloso con alguien no sólo es que pueda ser el último, sino que seguramente lo va a ser. Suena muy triste, lo se, este baño innecesario de melancolía y amargura, este anticipar la soledad. Pero la verdad es que a mi me parece que me obliga a exprimir hasta la última gota la presencia de los que quiero.
Así que me voy a mi fiesta. Como no, con vino y queso, con Los Secretos. A estar con los que están para no escuchar a los que no. ¿Vienes?
23/11/07
Lo que no sabía mi novia.
Señor, ¡Que bien me lo paso!... yo solito.
Hola a todas:
El otro día, concluyendo una clase práctica a mis alumnos, me volví a tropezar con una de esas profundas fosas del conocimiento que tienen las mujeres sobre los hombres. Son pocas, porque estoy de acuerdo en que nosotros solemos ser bastante sencillos. De hecho lo que les sorprende de lo que voy a comentar es, en cierto sentido, lo realmente simples que podemos ser.
Pongámonos en el contexto. En las prácticas que imparto aplicamos un test para medir el nivel de testosterona en la saliva de los alumnos. Es sabido que el nivel de testosterona está muy relacionado, aunque no esta muy claro como, con el tiempo transcurrido tras la última eyaculación. Es sabido por la comunidad científica y por cualquiera que mira el mundo o los after hours.
En aquel momento, además, lo fue sabido por mis alumnos y alumnas.
El caso es que una chica, sintiéndose la mar de graciosa, le dijo a un chavalito: "eso, mídete la testosterona, que así ven todos que eres un marrano y que seguro que no hace ni dos días que te la has cascado".
Los ellos se quedaron estupefactos, no se si por la falta de sentido del humor o por el desconocimiento completo de lo que quiere decir "ser un marrano". El aludido (Julito, de aquí en adelante) desde luego se sintió incomodo y se sonrojó. Cuando una chica de tu clase, a la que seguro que alguna vez le has dedicado una paja, te llama marrano piensas "¿Cómo lo ha sabido?" y te mueres de vergüenza.
El caso es que la clase siguió. Al acabar vino el comentario, ya en petit comitè, del comentario. Estaban (ellos) preocupados, además, por lo que yo pudiese pensar de sus test de testosterona. Ya les comenté que yo no podía saber si su nivel indicaba que habían eyaculado hace cinco minutos o seis años. Pero, aunque así fuera, no me iban a sorprender. En el último estudio que leí los varones entre 15y 25 años tocan, en promedio, a 1.2 pajas al día. Es decir, doce pajas cada diez días (cada cual que las reparta como guste).
A Julito le debió poseer el espíritu de Jose Luis Moreno con Rockefeller y comenzó su disertación: "No os preocupéis, si él lo sabe. Es tío y todos lo sabemos. Si las que no lo saben son ellas. Un tío, y sobre todo un tío de nuestra edad, se la casca TODOS LOS DIAS".
Las pocas chicas que quedaban en clase se escandalizaron, claro. "Si es que son como monos...." Ellos se iban envalentonando, quizá sintiéndose "normales" por mi estadística o apoyados entre sí, o queriendo liberar un secreto íntimo... no sé. El que sacaba más pecho era Julito, contando interesantes anécdotas que empezaban con "Pues yo en el recreo del instituto me iba con mi colega Rafi al baño y...". Anécdotas coloristas pero totalmente innecesarias. Conclusión: Chicas, no toquéis nunca las paredes de los baños de tíos.
Pero eso no fue todo. Julito estaba desbocado, sacando un segundo e interesante tema aún más escandaloso: "Pues yo le he dedicado pajas a todas y cada una de las chicas de mi instituto". Ellas flipando, porque no es difícil pensar que con las compañeras de la uni el tipo habrá hecho lo mismo (el suicidio de las posibilidades de ligarse a alguna compañera más llamativo que he visto en años). Tampoco es difícil pensar si todos los otros tíos, los más prudentes, no habrán hecho lo mismo. Es más, ¿no hará el profe lo mismo? ¡¡¡¡¡Dios mío, todos estos han pensado en mi desnuda o practicando sexo con ellos mientras se la meneaban!!!!!
Desde luego, entiendo que se sintieran incomodas. Yo también me sentiría raro si descubriese que mucha gente me imagina haciendo una mamada o abierto de piernas.
Julio quería seguir escandalizando a sus compañeras, así que sacó a la palestra el tercer tema estrella (un tema que a mi, hace años, me parecía interesantísimo y paradigma de la incomunicación humana). "Si es que no os enteráis de nada.... pero no sabéis que no tenéis ni un sólo amigo tío, que si os soportan es porque creen que podrán follar con vosotras algún día". En fin, una estrella mediática el joven Julio. Dos Oscars de la academia por lo menos. O un monólogo en el club de la comedia para él. Evidentemente ellas respondieron con la consabida de "Mis amigos no, si a mis amigos les encanta tomar café conmigo y acompañarme a Zara". Evidentemente cualquier cosa que dijéramos los demás varones, incluyendo al profe, estaba de más. El individuo estaba herido de muerte y sumarse al despiece no nos reportaría nada bueno.
Porque por suerte, creo, la conclusión final que sacaron las chicas fue que Julito es un salido.
13/11/07
Límites infranqueables.
Mi puño de tu cara lo sacarán con forceps
Hola a todas:
Que conste que se que este post va a complicarme la tarea para la que este blog fue concebido (junto a cosas como "no me gusta viajar" o "soy un tío más bien gordito"). Aún así me parece un tema interesante sobre el que meditar.
Este fin de semana, en mi despendolada vida, he pasado uno de esos ratos que creía irrecuperables. La trama de interés comienza cuando cerraron el bar de Lavapies donde estábamos unos pocos "haciendo el jipi" (bueno, alguno debía ser jipi de verdad). En ese momento nos fuimos los presentes (dos parejas, una soltera y dos solteros) a un bar de barrio en la periferia norte (que tiene el don de no cerrar cuando los demás, sino dos o tres horas más tarde). La música bien y el público el esperable: una tía por cada diez capullos y de cada diez capullos, nueve que no habían pillado esa noche y andaban desesperados y, además, borrachos como cubas.
Nosotros, que llevábamos una buena recua de chicas (quiero hacer notar que todos ellos, chicos y chicas, no llegan a los 25... cosas de currar en una universidad) empezamos a bailotear, aprovechando que todos nos sabíamos las canciones por haber sido grandes éxitos en veranos de los noventa. En fin, quien dice bailar dice hacer el ridículo.
Por ambas cosas, más por el alto índice de hembras que por la maestría en la danza, llamábamos la atención. En concreto, junto a nosotros, había entre 15 y 20 veintañeros rasos bailando, todos nacidos en casa bien, crecidos en un gimnasio y potenciales estudiantes de económicas. En su desesperación empezaron a ligotear con "nuestras" chicas (ante la, para mí, sorprendente indiferencia de sus novios). A causa del nulo efecto que tuvieron sus aproximaciones ("quizá porque lo sabían, los novios pasan de líos", pensé yo) se enfurruñaron. Y enfurruñados les daban a las chicas empujones muy violentos "haciendo" que bailaban (ahora no había excusa: los novios ahí, como el que espera el autobús). Cuando una de ellas les echo la bronca escondieron las orejas para comenzar a, sorpréndanse, escupirle mientras ella les daba la espalda. Que tensión.
Cuando "el tío mas duro del bar" estaba a punto de emitir un segundo gapo el gordo gafotas del bar le metió una hostia que le tiro al suelo a él y al amigo al que estaba abrazado. Tras patada en la cabeza del amigo (nunca pensé que me atreviese a hacer esto que parece tan "letal"), el susodicho gordo se abalanzó sobre el tío más duro y, mientras le estrangulaba con la izquierda (hasta que claramente se le vio en los ojos la idea de "ahora es cuando me matan"), empleaba la derecha para sacudirse imbéciles/sacudirle a él en la cara.
Gracias a dios a) "nuestras chicas" nos separaron, porque le habría matado por asfixia y necesitaba una excusa buena para soltarle b) eran unos pringaos, porque entre 20 nos hubieran molido a palos.
Los sangre-de-horchata de los novios fliparon, ellas fliparon y los niñatos fliparon. Eso si, los chavales tuvieron el buen criterio (en mi beneficio) de irse del bar (algunos) o pedirnos explicaciones (otros). A éstos, evidentemente, les convencimos de que su amigo era un hijodeputa y de que se lo merecía (gracias a dios había chicas con ellos que enseguida se solidarizaron contra el macho dominante y violento con "nuestras" chicas). En cualquier caso el macho herido exigió a sus amigos que nos esperaran a la salida (ya eran las siete). El pobre tenía la sangre encendida, el orgullo magullado y dolor en la garganta (y, aunque lo ocultase sacando pectorales, miedo en los ojos). Hablamos y aunque el quería vengarse ni sus amigos parecian querer secundarlo ni él encontró excusa para ello mientras hablaba conmigo. Nos fuimos y en paz. Espero que antes de hacer el chulo de patio otra noche que no folle, el chico este se lo piense (yo también tengo que aprender a valorar el número de aliados y adversarios, por cierto).
Una última consideración. M, la chica que fue escupida, por primera vez en mi vida no considero que soy un energúmeno por tal acto, sino que me lo agradeció.
Y yo les juro que la mayor parte tiendo en pensar, a mis treinta añazos, que no hay casi nada que no se pueda arreglar hablando. Pero a veces la sinrazón es tal que pasamos a aplicar el "quien da primero, da dos veces", que decía mi padre.
¿Dónde está el límite infranqueable? ¿Donde debe acabar la tolerancia y empezar las hostias como panes? Y, sobre todo, ¿Consideran que mi acto es razonable y valiente o bien piensan que debería volverme a las cavernas del sur de Madrid de donde nunca debí salir?